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Pareja de baile

La poeta Vilma Tapia comparte su lectura de Doméstico (Editorial 3600), obra con la que Roberto Oropeza obtuvo el segundo lugar en la categoría Poesía del Premio Franz Tamayo 2023.


Quizá porque lo que encontramos en este libro es poesía, se me presenta una dificultad para poder leerlo desde teorías que se han ocupado del fenómeno humano más llamativo y complejo: el amor. El amor de las love stories, por definición limitadas. La potencia de la palabra poética no es limitada, nos lleva más allá. Y ese más allá, cuyo origen no tiene dirección definida, viene a nosotros en la palabra de manera ineluctable. En Doméstico, Roberto Oropeza construye escenas con crestas de exuberancia y penetración en el tema. Su trabajo con el lenguaje logra que cada poema sea un momento que se quiebra desbordándose.

 

Las love stories son algo especial, casi siempre excéntricas, pero aun en su excentricidad son definidas, como no podría ser de otra manera, por los imaginarios contemporáneos. Barthes nos da una clave para aproximarnos al poema de amor: “los pedazos de un discurso [amoroso] pueden ser figuras, esquemas”, de lo que yo derivo para esta lectura: escenas, palabras y hechos circunscritos a un lugar, a una locación, a un tiempo más o menos delimitado. Los poemas de Doméstico son cada uno una escena de una historia, de una love story, y tal como son legibles y reconocibles gracias a la memoria de un lenguaje de palabras, interpelan también a la memoria visual, a lo que alguna vez se ha mirado.

 

Doméstico: “de la casa”, encierra entre paredes, encuadra, poemas trazados en el discurrir de una relación de dos: “no hay colores en la habitación / habíamos inventado un extraño idioma”. Entendemos que toda relación es una conversación, una conversación que dura lo que dura la experiencia relacional. Es cuando la conversación se interrumpe o cuando uno de los sujetos no reconoce en el otro la verdad de su singularidad que la conversación pierde su esencia, deja de ser una conversación, “se marchita”, “cosas habían sucedido / engaños… “, “dos personas hablan a la vez // un atentado a la simetría / sabiendo que en el sigilo estaba el error”, apunta Roberto Oropeza. Desde las primeras páginas del libro se anuncian un código y una sintaxis definidos por la rareza; cito unos versos más, de diferentes poemas, y que en su elocuencia dan claridad a lo referido: “Aldaba […] una ventana se empaña cuando la llaman casa”, “habitación para volar en pedazos”, “escándalo después de la cena”, “[l]o más importante era la enfermedad / pero aun eso no estaba acordado”, tal pues, la sustancia de una conversación perturbada.

 

Enfatizo en la inusitada violencia tramada por el autor, que nos la expone logrando una estética contradictoria, pues es posible encontrar cierta belleza en algunos de los cuadros, una belleza descrita con precisión, ordenada y coloreada. Los poemas dichos en primera persona nos dan la impresión de que él mismo estuviese mirando una experiencia propia, distante, pero en otros momentos, desde otra perspectiva, el poema atrapa lo que difícilmente puede asirse en una trama de llamativa plasticidad: cosas, muchas cosas, texturas, gestos que se configuran y se desfiguran de inmediato. Roberto Oropeza articula las escenas de tal forma que la secuencia se traduce en una especie de conocimiento de lo humano, específicamente, de las love stories, humanas, en las que la pasión –padecimiento temporal–, toma cada partícula del aire. Así, cada poema es una sucesión de imágenes que indagan y escrudiñan en el desamor extremo, catastrófico:


Nos asustamos de lo que irrumpe en la noche

hay tantas ballenas por ser cazadas

que uno podría salir de aquí

y caminar por el agua

queman los puentes que armaste

todas las señales

deben ir en sentido contrario

para encontrar un lugar donde perderse

todos los árboles se incendian 

será un gran tiempo perdido.


En la escritura de los poemas que componen este libro, el autor logra una recurrencia, una secuencia repetitiva: la conversación quebrantada, esa cruel imposibilidad, se hace imagen en el poema, imagen que logra que algo se visibilice: “dar vueltas en un carrusel / para ver cómo huyes.”, pues: “[e]l futuro está aquí, en una perfecta multitud de peligrosos juegos”.


Uno tras otro los poemas son piezas de una composición en la que no rige la calma, todo participa de una danza trastornada, un agregado de dos que sí, podría ser, la reconstrucción de una experiencia, algo ha marcado el corazón, sin embargo, las metáforas extremas se aproximan más a una advertencia, es pues, una historia que está cayéndose permanentemente, se está desmoronando frente a la mirada alejada, ya impasible, del poeta.





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