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Enamorado del fracaso

Una de las novedades de la última Feria Internacional del Libro de Cochabamba fue Operación Fracaso (3600, 2023) el libro donde Santiago Espinoza reúne sus crónicas. Esta vez La Trini situó al periodista y escritor cochabambino del otro lado de la entrevista.


¿Cómo se dio la posibilidad de publicar Operación Fracaso?

Si mal no recuerdo, a mediados de 2019, Willy Camacho, director editorial de 3600, me expresó su interés de publicar un libro que reuniera mis crónicas. Él acababa de leer un texto que yo había enviado a un concurso de periodismo narrativo y, con su olfato de editor, vio un posible libro a partir de textos similares. Curiosamente, esa crónica que motivó la iniciativa del Willy (“Los Márquez. Los Herzog. Los Rubik”) no entró finalmente a Operación Fracaso, por razones que no vienen al caso. Lo que importa es que esa muestra de interés fue fundamental para que me animara a armar un potencial libro con mis crónicas, un proyecto con el que ya venía fabulando, pero que no me lanzaba a encarar con la resolución necesaria. La mirada externa sobre mi trabajo, en este caso del Willy, fue un impulso imprescindible para armarme de seguridad y tomarme en serio la posibilidad de hacer el libro.


Muchas cosas pasaron de 2019 a la fecha, unas de conocimiento público (la crisis política, la pandemia), otras de orden más privado (mi natural tendencia a la procrastinación, distracciones varias como los estudios), y lo cierto es que la edición de Operación Fracaso se fue dilatando. No abandoné el proyecto en ningún momento y, siempre que tenía mis dudas, conté con el respaldo de la editorial para seguir adelante. Lo bueno es que, entre 2019 y 2022, también tuve oportunidad de hacer otras crónicas de largo aliento y publicarlas en una revista fuera de Bolivia (Gatopardo). Esas experiencias me dieron mayor confianza y me llevaron finalmente a sentarme, hurgar en mis archivos y seleccionar los textos que podrían integrar el volumen. En principio fueron muchos más de los que aparecen en el libro ya editado, así que buena parte del trabajo final fue deshacerme de los que no me convencían. Un encuentro con el Willy en la Feria del Libro de La Paz de este año fue el último empujón necesario para cerrar el manuscrito. Me puse a escribir el texto introductorio y, con él, envié el documento, que fue editado con una velocidad, eficiencia y cuidado que agradezco.


¿Cuál fue el criterio de selección de los textos incluidos en el libro? ¿Cómo está estructurado el libro?

Al principio me puse a revisar archivos personales, muchos de ellos solo disponibles en papel, a la pesca de textos que tuvieran alguna voluntad narrativa. De esa manera quedaron afuera artículos y críticas (en especial, de cine), que era lo que más hacía en mis primeros años de ejercicio profesional, al margen de los encargos informativos diarios del periódico en el que trabajaba. Detecté escritos que se ajustaban a ese criterio desde 2008 hasta 2022. Una vez releídos hice una primera compilación, que resultó muy larga e irregular. Había cosas que recordaba con algún cariño, pero que, a la prueba del tiempo, ya no me funcionaban, al menos no para un libro.


En ese trabajo de criba fui descubriendo los ejes temáticos más frecuentes en mis ejercicios narrativos. Los más claros eran los del cine, el fútbol y la música, acaso tres de mis filias más persistentes como consumidor cultural. A la postre se convirtieron en tres de los capítulos del libro: “Oír para recordar”, “Ver para guardar” e “Hinchar para sentir”. El cuarto eje devenido en capítulo fue el que reunió textos más heterogéneos en sus temas de interés, pero que comparten el viaje como instancia de descubrimiento de los relatos. Su nombre en el libro es “Ir para contar”. Además de inscribirse en estos cuatro ejes, los 15 textos reunidos comparten la pulsión por narrar alguna historia, por muy mínima que sea, pero historia al fin. En la mayoría se cuentan historias de otras personas, más allá de que en algunos mi presencia sea algo más visible, y unos pocos relatan historias eminentemente personales, pero en las que entreveo cierta capacidad de empatizar con los lectores. Los textos fueron publicados entre 2009 y 2022, principalmente en el medio en el que aún trabajo (el periódico Opinión), pero hay también algunos que se publicaron en medios (nacionales e internacionales) más especializados en narrativa de no ficción (Gatopardo, 88 Grados).


El libro se estructura en cuatro capítulos. El primero, “Oír para contar”, reúne cuatro crónicas sobre el valor de la escucha musical y testimonial (del huayño zapateado de Las Consentidas al rock bocón de Andrés Calamaro). El segundo, “Ir para contar”, se compone de cuatro crónicas que narran a partir del desplazamiento físico y emocional del cronista (de Barranquilla a Raqaypampa, pasando por Villa Tunari). El tercero, “Ver para guardar”, relata cuatro historias de ilustres cineastas (Werner Herzog, Oliver Stone, Gael García) que visitaron Bolivia y del último militante del cineclub cochabambino (Cosme Peñaranda). El cuarto, “Hinchar para sentir”, recoge tres historias marcadas por el fútbol (de mi condición de wilstermannista al drama de un grupo de futbolistas colombianos atrapados en Bolivia en pleno confinamiento por la pandemia de covid-19).


En la historia de la literatura, sobre todo en el siglo XX, hay una estrecha relación con el periodismo. ¿Cómo llevas tú el oficio de periodista y el de escritor?

La verdad es que me cuesta asumirme como escritor. Creo que alguna vez le leí a Lorrie Moore decir que se sentirse reacia a la idea de considerarse escritora. Lo que hace ella, aclaraba, es escribir, no ser escritora. Con ello reivindicaba el valor activo de la escritura, que no es una condición estática o una mera autopercepción, sino un ejercicio en movimiento. Salvando las distancias, suscribo la postura de Moore, que, de seguro, no es exclusiva de ella: prefiero pensar que escribo en lugar de sentirme escritor. Y bueno, por mi formación y mis limitaciones, lo que he escrito y escribo es no ficción, principalmente textos periodísticos, unos más narrativos, otros más opinativos/ensayísticos.

Por muchos años escribí noticias, entrevistas, artículos de opinión y crítica (sobre todo de cine), algo que ahora mismo hago menos. Con el tiempo me animé a probar con crónicas de más largo aliento. Por supuesto, como tantos otros periodistas, sucumbí a la seducción de los grandes escritores que se hicieron en el periodismo: de Hemingway a García Márquez, pasando por Poniatowska y Arlt. También me enamoré de los maestros del Nuevo Periodismo gringo: Capote, Talese, Thompson, Didion, Mailer. Más tarde descubrí la tradición del periodismo narrativo latinoamericano, que se remonta a Martí y otros modernistas hasta llegar a la generación de la llamada “nueva crónica latinoamericana”, con autores como Caparrós, Guerriero o Villoro, y que en medio se forjó con figuras de la talla de Walsh, Martínez, Lemebel o Soriano. Y cómo no, seguí el rastro de esos reporteros temerarios que dejaron algunas de las piezas más admirables de la no ficción: Kapuscinski, Alexievich, Hersey, Wallraff, Guillermoprieto, Anderson… Fuera de la crónica, un escritor que me fascina por su faceta como crítico de cine es Cabrera Infante. Lo que intento sugerir con esta danza de nombres es que, como cualquier persona que intenta escribir, mi relación con la literatura se funda en la lectura. Más que escritor, aspiro a ser un mejor lector. Y tratándose de lecturas, soy más omnívoro: no solo leo crónica o narrativa de no ficción, sino mucha ficción y, en el último tiempo, ensayo y poesía.


En cuanto al periodismo, debo reconocer que es un oficio con el que tengo también una relación conflictiva. Por mucho tiempo he sido alérgico a asumirme como periodista, en buena medida porque es una actividad demasiado accesible: cualquiera que publique alguna cosa en un medio de relativo alcance ya se llama periodista. Pero, bueno, con el tiempo he comprendido que ese es más un problema de los periodistas advenedizos que del periodismo. A fuerza de trabajar en un periódico y de escribir regularmente para ese y otros medios, no me ha quedado otra que “resignarme” a sentirme periodista. No es tan grave. Hay cosas peores, como asumirse crítico de cine.


¿Qué implica la palabra o la experiencia del fracaso?, ¿lo ves como algo inherente al oficio periodístico o literario?

Incluso antes de tener el libro armado, tenía un nombre para él: El fracaso como método, el periodismo como excusa. Por suerte, y gracias a la mirada aguda de Willy Camacho, este título no quedó para el libro, pero sí para el texto introductorio en el que intento explicar mi relación con el fracaso. Ahí escribo, precisamente, lo siguiente: “Por mucho tiempo estuve enamorado del fracaso. O, mejor, de la idea del fracaso. No debo ser el único ni mucho menos. Soy de los que han repetido más de una vez el mantra imperativo de Beckett: ‘Lo intentaste. Fracasaste. No importa. Prueba otra vez. Fracasa otra vez. Fracasa mejor’. De este mandato me seduce no tanto su dudosa promesa de éxito, que suele ser repetida hasta la saciedad por vendehumos de la motivación, como su credo en la dignidad de la capitulación”.


Como lo planteas en la pregunta, entiendo que el fracaso es un procedimiento imprescindible para hacer periodismo y, por extensión, para escribir. Y en las crónicas de este libro hay, además, una pulsión por perseguir historias de fracasos, rotundos o insignificantes. Así que, en suma, enfrento el periodismo asimilando el fracaso como método para contar historias de fracasos. Es lo que llamo un ejercicio de “metafracaso”. No es una teoría ni mucho menos. Acaso esté más cerca de un juego retórico que me permite pensar mi propio trabajo y los fetiches que suelen atraerme de las historias reales.


¿Dónde se puede encontrar el libro?, ¿hay planes para más presentaciones?

En Cochabamba, Operación Fracaso ya está a la venta en las librerías Electrodependiente (avenida Salamanca entre Antezana y Lanza) y Los Amigos del Libro (Torres Soffer, calle Oquendo). En La Paz se encuentra en las librerías Lecturas y Solo Libros - El Pasillo, y entiendo que en Santa Cruz también estará disponible en Lecturas. Ya lo presentamos en la Feria del Libro de Cochabamba, que es algo a lo que con la Editorial 3600 queríamos llegar y lo conseguimos. Espero que haya chance de hacer más presentaciones, sobre todo en otras ciudades y también en espacios alternativos. Dependerá de las condiciones para hacerlo, porque ganas e interés sí hay.

 

Foto del autor: Alba Balderrama

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