Los ojos abiertos

Matilde Casazola es portadora de su propia historia y un remanso de vitalidad, reflexión y generosidad. Primera parte de una conversación memorable con la custodia de la canción poética.

Matilde está preocupada por que la administración del hotel donde se hospeda no le ha cedido un florero para poner las flores que le regalaron en el acto de distinción que le otorgó la Cámara del Libro de Cochabamba en el marco de la FILC 2022. “Se van a morir las rosas”, dice en un honesto tono de compunción.


Con una voz aguda y amabilísima, doña Matilde, atenta, ofrece cuanto puede ofrecer, ya que el lobby del hotel Avanti se llenó intempestivamente de motociclistas que hicieron imposible la prosecución de la entrevista, que tuvo que continuar en su habitación. Pucha, estoy tomando “teicito” con la Matilde, nuestra cantautora mayor.


Siempre que se armaban aquellas expediciones “corchas” a su casa en Sucre me negaba a ir. ¿Qué le iba a decir yo a ella? Me parecía que la maniobra era más para tener fotos en Facebook que para aportarle algo a esta señora que acaba de recibir el Cóndor de los Andes, condecoración que, como ella misma dice, generalmente se la otorgan a políticos, y que es el máximo galardón entregado por el Estado boliviano a un ciudadano. Pero con el trasiego de los años y el advenimiento de esta revista –maravillosas ocupaciones–, las cosas se dieron.


Hay tantas cosas que queremos saber de Matilde y tengo una lista de preguntas, no tan corta como para obtener lo mínimo necesario ni tan larga como para agotar a la entrevistada que tiene agenda llena en Cochabamba y al día siguiente inaugurará un club de lectura que lleva su nombre. No sé de cómo, empezamos a hablar sobre el retrato que le hizo Ricardo Pérez Alcalá y que ilustra nuestra tapa: “Estábamos en la casa de una amiga, yo estaba practicando la guitarra y él me dijo “no te muevas”, yo seguí y después terminamos de almorzar y él sacó el cuadro de su caballete y me dijo: “te lo regalo”, así que es un recuerdo precioso, ¿no? porque está firmado y allí decía: “que tu guitarra y mi paleta se encuentren en los mismos caminos”. Yo tengo hasta ahora el original en la casa en Sucre”.


La interrumpen unos golpecitos en la puerta. “Ojalá sea el florero”, comenta bajito y resulta que sí es y ella se esmera en acomodar unas rosas rojas en un jarrón gigantesco.


La historia de esta aventura de creación


Hay un caudal de historia de la cantautora por conocer, y las respuestas y digresiones en su memoria desviarán muchas veces el curso de la charla, pero siempre para aportar más luz y poesía. Me decido a empezar por el presente; un presente lleno de condecoraciones, premios y una serie de reconocimientos lo cual no es muy común en un país con la memoria frágil y selectiva.


- ¿Qué significa este momento para ti?

- Es realmente una alegría que me está pasando en este último tiempo. Un día me llamó Willy Claure, amigo artista –hablamos de vez en cuando o nos vemos en algún escenario–, y me dijo: “Matilde, ¿te han dado alguna vez el Cóndor de los Andes?”. Y yo dije: “No, absolutamente, esos vuelan alto”, porque generalmente esos premios se los dan a diplomáticos, a embajadores, presidentes. Me dice él: “vos lo mereces por toda tu obra, yo quiero plantearlo y voy a poner en mi página que te den el Cóndor de los Andes”. Yo me quedé desconcertada. Y él lo había puesto y tuvo una respuesta inmediata de muchísima gente y así esto fue creciendo, empezaron a llegar apoyos para solicitar el premio. Yo nunca he pedido esas cosas oficiales, pero lo que sé es que siempre están llenas de trabas y de condiciones, y después de un tiempo leí un poco en el google lo que era el Cóndor de los Andes. Y al final, dijeron: “tienen que presentarse documentos para sustentar esta petición”, entonces Willy me hizo avisar, y me pidió fotocopias de todo lo que había hecho estos años, y fue grave, porque tengo muchísimas cosas, y sacar fotocopias, fotos de las medallas, de los diplomas fue un afán en el que me ayudaron dos amigos para que podamos enviar todo rápido.


Eso es lo que me gusta de esta historia: nos hemos visto involucradas personas que aman el arte y que aman mi obra. Otros ayudaron a fotocopiar y me aliviaron de ese problema de llevar para que transcriban al virtual y es gente que me quiere mucho y que sigue mi obra y eso es conmovedor para un artista. Lo que más valoro yo de toda esta historia es el apoyo de la gente, artistas y personas particulares, público y también instituciones como la Facultad de Derecho de la Universidad de Sucre, que estaban tan entusiasmados que abrieron unos libros para que la gente firme y en el momento en que tuvimos que mandar esos documentos, mandaron unos librotes así, y el que llevó todo fue el señor Horacio Rasguido, que es el representante de Willy.


Fue una cosa muy emocionante, muy linda. Y después ya era el acaso, el quién sabe, si dan, si no dan. Willy me llamó un amanecer, yo estaba dormida, me dijo: “¿te han llamado?”, yo le digo: “¿quién?”, y me dice: “el Ministerio de Culturas, dice que hoy te van a dar el premio”. Y efectivamente, a media mañana me llamaron y me confirmaron que ese día me iban a entregar el premio y que llegaba [a Sucre] el presidente para entregarme el premio.


Bueno, lleno de anécdotas todo esto, ¿no?, porque cuando ya se iba a cerrar el acto, bastante emotivo, el presidente habló de mi obra, y después me preguntaron, por un micrófono interno: “¿usted podría tocar un tema para cerrar el acto?, el señor presidente le va a acompañar cantando”, y entonces dije: “bueno, está bien”, y fue algo del momento que nos pusieron unas sillas allí, y hemos cantado con el presidente la cueca “El regreso” y eso al público le resultó una sorpresa totalmente inesperada. Y había momentos en que el presidente se ponía nervioso y se olvidaba la letra y el público le hacía recuerdo, cantando a coro, fue muy bonito; no fue tieso, fue espontáneo por la mucha gente que fue, a pesar de que fue a último momento.

“Lo que más valoro yo de toda esta historia es el apoyo de la gente, artistas y personas particulares, público y también instituciones (…). Fue una cosa muy emocionante, muy linda”.

- A propósito, siempre tuve la duda, y como la has mencionado y es una canción versionada hace muchos años: ¿es El regreso o De regreso?

- Es una canción que gusta y se hace sentir mucho y cuando estamos hablando coloquialmente, como es una canción tan conocida, igual que la de “Como un fueguito”, decimos: “El Regreso”, o “El fueguito”; pero en realidad yo la registré con los dos nombres: “De regreso” o “El regreso”. Sé que hay varias versiones, pasan esas cosas, pero es así. Y las letras, bueno, tú sabes, en canción popular, como es algo bastante espontáneo, cualquiera a quien le guste la canción puede interpretarla o grabarla, incluso no siempre piden permiso. De todas maneras, yo me entero porque están registradas en Sobodaycom (Sociedad Boliviana de Artistas y Compositores de Música).


Bueno, de esa manera las letras también tienen variaciones a las que yo ya me he acostumbrado, porque te diré que es preferible que cambien un poco las letras pero que canten las canciones, que sean algo vigente, algo vivo. No vas a hacer como un museo, exigir demasiada perfección. El músico boliviano en general es muy espontáneo, no se fija en muchos detalles. Tenía un amigo muy exigente en la cuestión de la fidelidad, don Luis Ríos Quiroga, él era erudito en estudios del folklore, muy querido en Sucre, y me decía: “no es: “qué hierbas” es “cuál hierba” es pues, una”. Hasta yo he cantado “hierbas” en medio del entusiasmo del canto, son pequeños detalles (risas).


- ¿En qué año fue escrita esa canción?

- Esa canción es de 1973, cuando retorné a Bolivia con más seguridad de quedarme. El encuentro con el paisaje, después de tantos años de ausencia… porque fue en realidad un tiempo de alejamiento no voluntario precisamente, porque de por medio estuvieron todos esos problemas de los golpes de estado, yo estaba casada con un artista al que acusaron de guerrillero en el año del Che [se refiere a 1967] y tuvimos que salir vertiginosamente del país. Yo le acompañé. En realidad, no me sacaron a mí, pero yo quise ir con él. De esa manera, hemos tenido años en que no había forma de regresar, o solo era venir unos días y volverse a ir, hasta que al fin yo sentí necesidad del reencuentro con Bolivia, y ahí fue que decidí cambiar el curso de mi vida y dedicarme a lo mío, que no eran precisamente los títeres [oficio de su esposo], sino el canto, la poesía, y entonces volví. Cambié, cerré un capítulo y empezó otro el año 73, en que retorné.

“Es preferible que cambien un poco las letras pero que canten las canciones, que sean algo vigente, algo vivo”.

-¿Dónde habías estado todos esos años previos?

- Estuvimos viajando sobre todo en Argentina, porque mi compañero era argentino, era un artista de títeres, Alexis Antigues, era un excelente titiritero y actor de teatro. Vivíamos viajando, fue una de las cosas que me encantaron de él, esa su vida trashumante, de aventuras, de cambios, de viajes, de conocer lugares diferentes, del camino… en realidad, siempre me atrajo el camino. Viajamos mucho por Bolivia antes de que pase esto y después seguimos viajando por Argentina, íbamos de pueblo en pueblo, no eran solamente las capitales, era parecido al asunto del circo, artistas trashumantes, muy interesante.


- ¿Y a partir de qué año se empiezan a publicar tus libros?

- El primero fue en el 67. Toda una aventura porque ese año tuvimos que salir, de Bolivia y nos había estado ayudando con esa obra el amigo Pepe Ballón, que tenía la imprenta universitaria de San Andrés [UMSA, La Paz]. La universidad auspició ese libro y Alexis tenía mucho talento para hacer diagramaciones de las tapas, y llamó la atención porque todo era en minúscula, en ese tiempo, no se acostumbraba a poner los nombres propios en minúscula. El libro se llama Los ojos abiertos.


Y con toda esta cosa accidentada cuando ya estábamos fuera, Pepe nos lo envió. Recuerdo que estrené el libro en Buenos Aires, en la [Universidad] Católica, porque ahí tenía yo unos amigos de algún viaje anterior que hice. Todos los que asistieron eran gente muy joven de 20 a 30 años, estudiantes, y gustó mucho la obra, y en Bolivia casi no se difundió porque estábamos en esa situación. Pero poco a poco después se ha ido conociendo. Ese fue el primer libro.


Después, como te digo, cambié el destino de mi vida y decidí volver y dedicarme a lo mío. Toda esa vena artística estaba ya bastante madurada para el año 73 y quise empezar a hacer mis recitales y el 74 di mi primer recital. Y después he ido dando generalmente unos tres o cuatro recitales por año, pero siempre con otro repertorio, otras obras, porque he escrito y compuesto mucho, mucho. Esos años han sido de gran inspiración, hasta que me enfermé del pulmón, lo que fue casi fatal, el año 86. Toda esa época anterior fue de una producción increíble, yo misma me asombro, que hasta ahora no puedo igualarme con la obra que hice. Está ahí guardada, poco a poco, la he ido sacando. Fueron años muy productivos.


El año 76 logré sacar mi segundo libro, Los cuerpos, que son 12 poemas, un libro breve que extraje de otro libro bastante voluminoso que nunca podía publicar, Los Racimos. Pasaban los años, y no pasaba nada, entonces extraje de ahí unos poemas con una temática específica, la del cuerpo humano, que se habían ido reuniendo, sin darme cuenta. Eso resultó ya más posible de publicar y mis amigos me ayudaron. Siempre he tenido mucha suerte en cuanto a gente generosa que me ha ayudado a lo largo de ese camino, con las editoriales o para hacer un disco. Y bueno, también el empecinamiento que he tenido durante toda mi vida, tener fe en mi obra, si bien, la finalidad no era comercial en absoluto. Y gracias también a que se han entusiasmado en cantar mis canciones muchos intérpretes que son de escenario, que están permanentemente en giras. Ellos han difundido bastante mis obras, mucho más que yo misma, porque daba pocos recitales. Así es la historia de esta aventura de creación, muy azarosa, pero siempre con una gran fe en lo que podía dar y quería compartir.


(Continuará…)

“Siempre he tenido mucha suerte en cuanto a gente generosa que me ha ayudado a lo largo de ese camino, con las editoriales o para hacer un disco. Y bueno, también el empecinamiento que he tenido durante toda mi vida, tener fe en mi obra, si bien, la finalidad no era comercial en absoluto”.
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