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“El poema es lo que no intenta parecerse a nada más”

Actualizado: 13 mar

Marcelo González, guitarrista y compositor, la mitad de los Mellizos González, evoca al poeta Zeque Rosso, quién dejó este mundo hace poco. Imaginación y memoria.

 


Un mamarracho me va a salir si trato de hacer este texto intentando acercarme a una crítica, a un análisis poético. ¿Existen tales? (¡Qué capxs quienes lo logran!).

 

Para hablar del Zeke Rosso no me queda otra que recurrir a mis recuerdos, mi memoria, mis más profundas emociones, muy niñamente. Por otro lado, mi asidua lectura de lo que tengo de su obra, casi toda en dos libritos al ser tan pequeña en volumen.

 

Un igual de recordado y mentado amigo, que perdí a la fuerza, me habló un día de él. Luego, como una película, prepandemia, de suerte, unos meses después me vi con él en la presentación de lo que sería su último baile: Imaginación y memoria, en plena Casa del Poeta, La Mariposa Mundial mediante. Cosa buena, cosa rica.

 

Qué increíble, impresionante, verlo al Zeke conmoviéndose ante él mismo de hace años, leyendo poemas antiguos. Diciendo cosas como: “¿cómo he escrito yo eso?”. Impactado, feliz, ante su chango. Anti-solemne, evitando absoluto, sutil, cualquier intento de “ceremonia poética”, cualquier consulta, pregunta, más que una pregunta una duda.

 

¿Qué se puede decir? La poesía tal vez es solo eso. Escribir lo único. Lo que no se puede explicar-explorar de ninguna otra manera. Es solo ella. El poema es lo que no intenta parecerse a nada más. Decía el Zeke, ese día, algo como: “¡me vengo a enamorar a mis 60 años!”. En Cochabamba vivía, enamorado. Un día se cayó de un árbol, en uno de esos parques frondosos. Ambos se mataron de risa, enamorados.

 

Confieso: lloré harto cuando me enteré de su partida, creo que por tal júbilo. Viejo enamorado, conmovido al máximo por leerse al sí mismo de hace años. Ese día, para colmo, Alfonso Barrero, amigo cercano de Jaime Saenz, contó que en algún cumpleaños en el que Saenz vivía en Bolognia, cruzando el río, se encontraron Barrero y Rosso, quien venía de felicitarlo. Don Alfonso contó ese día que al llegar Saenz le dijo, hablando del Zeke: “ese es el mejor poeta de Bolivia”.

 

Los paceños, o algunos; o yo nomás, qué será, buscamos y nos enorgullecemos de esa cierta “oscuridad”, noche, alcoholismo, paceño.  Creo que la poesía de Fernando Rosso es tan poderosa, bella, catárquica, potente, también por su sucrensidad. Esa su blancura, que resulta incluso más oscura que la intención de la oscuridad misma, como Lucifer. No deja de ser la noche, pero no quiere ser obvia; la palpa como con cierto desapego, cierto humor, ligereza viva, sonrisa a los ojos.

 

Sonríe el Zeke.

 

Su poesía es mirar la vida sonriendo, a la vez entendiéndolo (siéndolo) todo. La inteligencia hecha obra de palabras.

 

Una vez mi tío me enseñó que la poesía es la coronación del lenguaje.

 

Dios no pide mucho

jamás reclama

Devenir es reconciliarse

estar a mano y al día

sin adivinar

para no perderse la estadía

y vivir sin más

con penas y glorias

dejando para mañana

lo que podemos hacer pasadomañana.


 

Agradezco al Vadik, otro fanático escultor de las palabras, por invitarme a decir estas cosas. Simplemente invito a leer la poesía de Fernando “Zeke” Rosso, cuya alma se fue hace unos meses. Presto-fotocopio los libros que tengo e igual hay en Plural, La Mariposa Mundial, etc.


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