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Tres momentos McCarthy

Un repaso a tres libros y, de paso, a algunas de las claves de la impronta del genial Cormac McCarthy; sin exagerar, y fuera de todo lugar común, uno de los mejores escritores contemporáneos, que acaba de partir a los 89 años.


I

Suttree (1979)

Cornelius Suttree abandona a su mujer e hija. Deja un buen trabajo, una “posición”, y se va a vivir en una cabaña flotante y con los pocos dólares que le da la pesca. Comparte, bebe y juerguea con negros, delincuentes y mujerzuelas.


Pasa por la cárcel, ama a una joven que muere sepultada por la basura, convive con una prostituta hasta que esta lo bota y, tras salvarse de milagro de una tifoidea, decide dejar Knoxville y volver a empezar. Una vez más.


Soliloquios y descripciones. Cortantes, pausados, precisos. La puntuación, las comas y la sintaxis no tienen por qué interrumpir y alterar la respiración, la sensación. Los libros del buen Comarc son casi cardiacos, se leen con la garganta en flor.


Detrás de él la ciudad humeaba, las tristes guaridas de los muertos emparedadas con los esqueletos de amigos y antepasados (…). En alguna parte del bosque gris que bordea el río está la cazadora y también en las zahínas y en el apiñamiento de las ciudades. Su labor se ejecuta por doquier y sus perros se cansan. Los he visto en sueños, babeantes y salvajes, la mirada enajenada de ansia por devorar almas de este mundo. Huye de ellos.


Cuando la soledad y sus cargas son mejores que las imposiciones y sinsentidos de la familia y la sociedad, de la formalidad y la cordura. Suttree no sigue ese romántico escape a la vida de aventuras y falsa libertad, al estilo Hollywood. Más bien sigue sus impulsos narcisistas, nihilistas de simplemente durar y consumirse en paz.


Cuando queda vivo “de milagro”, lejos de sentar cabeza y volver al redil, simplemente entiende que es momento de levar anclas y buscar otro río donde fluir.


II

En la frontera (1994)

“Los proyectos condenados al fracaso dividen definitivamente las vidas entre el entonces y el ahora”.


Una loba empieza a merodear al ganado en un condado de Nuevo México. Billy, Boyd y su padre la acechan por un tiempo, pero ella siempre desactiva las trampas. Cuando finalmente cae, Billy no tiene corazón para matarla. Hay que respetar la astucia y valentía. Decide llevarla a las montañas de México de donde vino.


Viven así una serie de aventuras durante varias semanas hasta que una autoridad corrupta los captura y lucra haciendo pelear a la loba con perros. Tras varios vanos intentos, Billy entiende que no podrá salvarla y prefiere matarla antes que dejarla condenada.


Levantó de la hojarasca la rígida cabeza de la loba y la sostuvo entre sus manos o hizo ademan de asir lo inasible, lo que corría ya entre las montañas, terrible y bellísimo a un tiempo, como las flores que se alimentan de carne. Eso de que están hechos la sangre y los huesos pero que no puede formarse por sí solo en un altar ni por herida alguna de guerra. Lo que sin duda podemos creer que tiene la facultad de cortar y moldear y ahuecar la negra forma del mundo del mismo modo que lo hacen el viento o la lluvia. Pero lo que no puede cogerse nunca ha de ser cogido, y no es una flor sino que es veloz y ligera y cazadora y el viento le teme y el mundo no puede quedarse sin ella.


McCarthy despliega con maestría sus profundos conocimientos del mundo de los vaqueros y las andanzas rurales. Su conocimiento del hombre, la naturaleza y la vida. Su asombroso dominio de la idiosincrasia humana. La individual: la bondad y compasión que hasta el más rudo tiene muy en el fondo, y la miseria de alma que a todos nos corrompe en algún momento; pero también la colectiva: las sociedades no siempre reflejan qué y cómo son sus hombres.


III

No es país para viejos (2005)

Tan jodido está el mundo que el brutal psicópata Chigurh tiene más ética, es más coherente que todos. O casi todos. Dice el implacable personaje que tal vez quede para siempre encarnado con el rostro de Javier Bardem:


Yo no tenía voz en este asunto. Cada momento de su vida es un giro y cada giro una elección. En algún momento usted eligió. Lo que vino fue una consecuencia. Las cuentas son escrupulosas. Todo está dibujado. Ninguna línea se puede borrar. En ningún momento he pensado que pudiera inclinar la balanza a su favor. ¿Cómo iba a hacerlo? El camino que uno sigue en la vida raramente cambia y más raramente aún lo hace de manera brusca. Y la forma de su sendero particular era ya visible desde el principio.


La mujer a la que debe matar solloza y ya casi se resigna a dejar de llorar. No obstante, intenta: “no tiene por qué hacerlo”. Pero él la tiene clara:


Me está pidiendo que me vuelva vulnerable y eso no puedo hacerlo. Solo tengo una manera de vivir. Y no contempla casos especiales. (…) Las cosas no son de otra manera. Son de esta. Me pide que haga como que el mundo es lo que no es. ¿Se da cuenta?


“Sí, dijo ella, sollozando. Me doy cuenta. De verdad”. Poco después recibió el disparo letal.


No es país para viejos no es de las mejores novelas de Cormac McCarthy. Pero es un novelón. Sus fuertes son un par de los fuertes del autor: los diálogos y la abrumadora solidez de los personajes.


Personajes y diálogos. No puedo eludir una comparación de pronto disparatada: los diálogos y los personajes son también el fuerte de Tarantino. Ambos hacen creíbles y posibles situaciones de lo más absurdas. Ambos conciben hombres y mujeres en los que se siente el pasado sobre sus hombros.


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