La amenaza de las palabras

Actualizado: 8 nov

La escritora cruceña reseña el libro ganador y las menciones del Concurso de Poesía Emma Villazón 2022 convocado por la editorial Yerba Mala Cartonera de Cochabamba.


¿por qué el silencio arrasa siempre

todo como la última palabra reina e incierta?

Emma Villazón


Un concurso, luego un texto ganador y dos menciones dieron pie a un nuevo libro de Yerba Mala Cartonera. Cuidadosamente cosidas, esas tres series breves de poemas forman constelaciones de imágenes muy distintas. Sin embargo, comenzaré soplándoles que


hay en ellas cuerpos y, por ende, hay mutilación y enfermedad;


hay en ellas cuerpos y, por ende, hay dolor y violencia;


hay cuerpo-memoria;


hay cuerpos que se miran, hacia adentro, y hay una mirada hacia el afuera del cuerpo: el cerro, la estepa, la casa.


Un estar en, un formar parte de


La amenaza de las palabras.


No indagaré más en cómo dialogan estas poéticas desde sus cruces. Esta, en realidad, no será una reseña; serán tres.



Aquí hay dioses ultravioleta. Sobre los poemas de Erwin Fher Masi Pérez


Erwin Fher Masi Pérez ganó el Concurso de Poesía Emma Villazón 2022. Mientras leo y releo sus poemas me pregunto cuál es la marca que dejan estos textos, cuál la cicatriz que nos llevará a seguir leyendo a este joven autor. Quizás parta de la construcción de una poética de la furia. El impacto de la bala, el golpe, la inserción del cuchillo en la piel resuenan en sus poemas como imágenes poderosísimas: “Pampa es la espalda / para quien rayo es su mano”. No hay cómo esquivar el mandato de la violencia:


Salga solo en la urbe,

y dé muerte,

fecunde la noche.


Tampoco quién pueda escaparse de recibirla: “Quien no nace en Yatiri, es solo ofrenda”, se escucha en uno de sus textos; “Jesucristo incluido, los vamos a seguir linchando”, amenaza en otro.


porque, si menciono algo,

son solo alteraciones del Iblís.

Y eso imanta bala.


Esta voz poética encuentra cabida en el fondo de un minibús, en un encuentro con una mujer delante de la tarde que arde y la estepa fulgente, en el recorrido de la ciudad de los sombreros. Pero, por sobre todo, se distingue en medio de aquella urbe alteña que se erige “bajo el signo de los / dioses ultravioleta”.


Aquí algo se derrama. Sobre los poemas de Graciela María González


Hace ya tiempo que el acercamiento de Graciela María González a lo poético da de qué hablar. No hablo solamente de poemas, porque la autora explora, sobre todo, los desbordes de la poesía, en particular sus intersticios con el arte visual.


En esta serie de poemas merecedores de una mención en el concurso, González presenta nuevamente una propuesta interesante y muy bien lograda. Entre la poesía concreta y los versos en prosa, logra articular una poética que mira hacia dentro. Dentro de la casa, dentro de la sucesión de los días, dentro de la piel misma.


Es una poética que se pregunta por la lucidez: “Quizás los años me vuelven menos sensata”, que se plantea las posibilidades de sus entrañas, sea esta la amenaza del frío o la cuestión de la maternidad. Hay, desde luego, una voz que entiende aquello que permanece encerrado.


Destaco de esta serie el trabajo temático del acto escritural, tan difícil de abordar de una manera fresca. En el caso de los versos de González, el poema parece derramarse por los escenarios de la casa. Ya sea desde el deseo del cuidado:


Yo quería

decir cosas redonditas,

bañar con hojas de té mis palabras

verterlas sobre tazas-poema-de-porcelana


o desde la posibilidad, tajante, de los cortes:


pero soy machete

talo versos,

sin pena

mutilo.


Allí nos recuerda la importancia de lo no dicho, de lo que queda afuera. Los silencios.


Aquí morir no iba en serio. Sobre los poemas de Elizabeth Astete


Diez poemas breves y contundentes o, más bien, un poema en 10 momentos, conforman la serie con la que Elizabeth Astete obtuvo una mención en el concurso.


Un “universo interior” como “agujero negro”; un “crecer y desgastarse” que se vuelve visible en los dientes, en las cicatrices y articulaciones; un anuncio de muerte se conjuga en estos versos donde la enfermedad se cuela dejando marca tras de sí: “velas, oraciones y anestésicos/ Si pasa más de once días, las posibilidades son escasas”.


Se trata de versos que oscilan entre la posibilidad de la caída:


Si decidimos caer,

lento en nuestras memorias

con el transcurso de nuestra vida y sangre.


y la necesidad de continuar camino:


volver a caminar se hace imprescindible

no te deshaces entera

porque las rocas desdeñosas

te recuerdan que debes seguir

después de todo, morir no iba en serio.


Es esta una voz poética que clama por “la justicia de seguir respirando” y a la vez no niega reincidir y reconocerse en los ciclos del duelo:


Pensé que dolería menos,

pero es octubre

y solo obtengo similitud.


Una voz poética que, así como las anteriores mencionadas, vale la pena leer.

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