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Bolivia en cuento

Compartimos el prólogo de la editora de este libro, cuyo subtítulo es “Diez cuentos para jóvenes”, y que fue presentado por La Hoguera en la FIL Santa Cruz.


¿Cómo se escoge un cuento para una antología? ¿Se toma en cuenta la edad de los escritores, su trayectoria, su presencia en redes sociales? Un buen cuento, dice Manuel Vargas en su Antología del cuento boliviano, debe leerse de una sentada. Debe, además, conmoverte y dejar una imagen brillante en tu memoria. Nada más. Y nada menos.


No importa, en el fondo, quién eres, sino que sepas contar una historia, que el manejo del lenguaje sea apropiado, sencillo y al mismo tiempo fulgurante. Por supuesto, si has ganado premios (como Dochera, como Ustedes brillan en lo oscuro, como Cebolla problema), mejor, pero ese no es el criterio determinante.


Muchos docentes no saben qué recomendar a la hora de leer en secundaria. No saben si los autores que tenemos pueden apelar a la juventud, o de qué temas hablar. Este es un pequeño aporte, limitado por la extensión a la que podemos llegar, que La Hoguera hace para dar a conocer a los autores vivos más importantes de esta generación. Hay, además, y muy a propósito, muchas autoras, que llevan en alto el nombre del país en el exterior, autoras tal vez no tan conocidas pero que vale la pena conocer, como una alteña de la que estamos orgullosos. Hay muchos paceños (aunque alguno haya nacido en Vallegrande, o en Potosí). Escoger solo diez autores fue todo un desafío.


Los diez cuentos presentes nos proponen un viaje por Bolivia, por su pasado ―con sus trenes, caballos y crucigramas―, por su entorno urbano, migrante y hostil para los niños (y los perros) que se pierden en sus calles, y por su muy probable futuro, radioactivo, teleférico, surrealista.


“El con caballo” de Manuel Vargas, nos retrotrae a los cuentos de aparecidos, a las historias contadas a la luz de una vela, a la Bolivia que, a 300 kilómetros de una ciudad, parece retroceder 300 años.


“El viajante” de Germán Aráuz, nos propone un viaje también, por los ya desaparecidos trenes, por el comercio informal y los límites de la legalidad, por las consecuencias en las vidas de tantos jóvenes del micro tráfico, por nuestro sistema penal y jurídico, desde una mirada poética y compasiva.


“Dochera”, de Edmundo Paz Soldán, es un clásico que todo joven debe conocer, un juego verbal y visual sobre las maravillas del lenguaje, sobre la fascinación y misterio que una mujer puede generar, sobre la respuesta maravillada de un crucigramista ante el enamoramiento, y también, sobre el amor a las palabras y sus significantes.


“Cuando llueve parece humano”, de Giovanna Rivero, nos invita a imaginar la conjunción de vidas y dolores de una familia, descendiente de migrantes japoneses en Santa Cruz, y de sus interacciones, a veces mortales, con la población indígena de ese mismo territorio. Un canto de cisne, una confrontación fatal, que a veces trae consecuencias imprevisibles.


“El mundo es mi hogar” de Oscar Martínez nos lleva a la infancia, a la pulsión de huir de casa, a las posibilidades nunca imaginadas de abandonar el hogar, escapando de los castigos irracionales, aventurándonos hacia lo desconocido.


“La puerta cerrada”, de Rodrigo Urquiola, continúa con esa exploración de la infancia urbana, tan frágil y solitaria, donde el protagonista trata de encontrar sentido a las demandas de los adultos.


“Ustedes brillan en lo oscuro”, de Liliana Colanzi, nos invita a adentrarnos al relato posmoderno, basado en los hechos reales que devastaron Goiânia, en el centro de Brasil. Un incidente de contaminación radiactiva re-imaginado desde el posible y aterrador futuro.


“El muerto y lo teleférico”, de Juan Pablo Piñeiro, es un homenaje a Jaime Sáenz, a las disrupciones modernas que interactúan con nuestras creencias más arraigadas, en un toque pintoresco y lúdico que recuerda los avistamientos de ovnis en la Paz en los años sesenta del siglo pasado.


“El perro gris”, de Quya Reyna, es, de alguna manera, un relato de terror, del terror realista similar al que maneja Chuck Palahniuk, con una prosa contundente que nos deja azorados, tal vez impotentes ante la cruda realidad que viven los perros vagabundos de nuestras ciudades.


Finalmente, “Cebolla problema” de Isabel Suárez Maldonado, salta hacia el surrealismo, de manera irreverente y divertida. La autora escribió el libro al que pertenece este cuento (ganador del concurso No municipal de Literatura en 2015) a sus 18 años, muy cerca de la edad de quienes van a leer estas páginas.


Bolivia sigue siendo el secreto mejor guardado de Sudamérica, incluso para su gente, que esta sea una invitación para conocernos.

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