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Una subjetividad muy sugestiva

Cergio Prudencio valora el legado de Alberto Villalpando para la música nacional y da detalles del concierto que, bajo su dirección, celebrará la obra del compositor este 15 y 16 de marzo en el Centro Sinfónico de La Paz. Además, reflexiona sobre su relación con la poesía y anuncia en primicia para La Trini la culminación de su ópera dedicada a la vida de Matilde Casazola.


- ¿Qué significa Alberto Villalpando para la música boliviana?

- Villalpando es un parteaguas. La música en Bolivia se explica antes y después de él. Es el compositor que instala a Bolivia en un contexto latinoamericano y mundial; por una parte, asimilando las tendencias técnicas de la vanguardia europea, pero por otra, reconociéndose a sí mismo (y al país) como particular, o singular, o específico, desde el paisaje y la historia profunda.


No menos importante para la música en Bolivia es la presencia de Villalpando como educador, una misión que aún ejerce con gran pertinencia y capacidad de motivación.


- ¿Cómo se representan -musicalmente- el agua y el fuego en la obra de Villalpando?

- Como una gran alegoría, diría yo, o más bien una subjetividad muy sugestiva. La música de Villalpando en general está conectada con el paisaje (ya lo decía) como una fuerza viva que incide en el espíritu humano y lo transforma, así como es capaz de transformar los elementos de la naturaleza. “Las transformaciones del agua y del fuego en las montañas”, compuesta en 1991, es una expresión sonora de esos procesos inmanentes.



- ¿Cómo fue el trabajo con la Orquesta Sinfónica Nacional para este concierto?

- Fue hermoso, la verdad. Destaco y valoro la entrega y compromiso de todos sus integrantes para interpretar las obras de Villalpando, no solo con corrección sino con muy buena comprensión, teniendo en cuenta que “lo contemporáneo” en general no forma parte de los repertorios habituales de una sinfónica, por lo que –en este caso– los músicos y las músicas han tenido que salir de esa zona para ingresar a otra más desafiante. Y lo han hecho maravillosamente.


- En los últimos años publicaste poesía. Cuéntanos sobre esa experiencia y la convivencia de las letras con la música.

- Son procesos creativos similares, puedo decir, ahora que me desempeño en ambos. La poesía discurre en una intimidad celebratoria, mientras que la música necesariamente debe apelar al relacionamiento con otros para poder existir realmente. Ambas condiciones tienen a su favor y en contra. En aspectos técnicos, creo que mi poesía se afinca pronunciadamente en el ritmo, o lo rítmico, y también en lo fonético, o sonoro; y, claro, no puedo menos que suponer que tales características provienen de mi ser músico.


- ¿En qué composiciones u obras estás trabajando actualmente?


- A través de La Trini, anuncio primicialmente que acabo de terminar de componer una ópera de cámara: Matilde – En las ojeras de la noche, comisionada por la Sociedad Boliviana de Música de Cámara, con libreto colectivo de Magela Baudoin, Denisse Arancibia, Paola Senseve, Alba Balderrama, Ros Amils y Adriana Lea Plaza. Está basada en la vida y la obra de Matilde Casazola. No es una ópera biográfica, sino más bien de proyección del gran espíritu que es ella como creadora integral y militante de la vida. El estreno está previsto para el 1 de septiembre en la capital de Bolivia, Sucre, con la cantante boliviana (residente en Alemania) Paola Alcócer como solista interpretando a Mati, personaje único.


Fotografías: Ignacio Prudencio / Diego Prudencio

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1 Comment


Valioso artículo sobre dos grandes músicos bolivianos. Gracias "La Trini"

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