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Estar presente

Damián Villalba, guitarrista y compositor argentino que se encuentra viajando por Bolivia, se juntó con el guitarrista y productor Mao Khan y el violinista Arpad Debreczeni y fundaron el Trío del 8B, ensamble que ya dio dos conciertos en Cochabamba y anuncia uno próximo en La Paz para el 22 de abril. Aquí una crónica del concierto del 1 de abril.


Quiero registrar dos cosas de este último sábado, y celebrarlas, porque a veces lo que ocurre ante nuestros ojos cotidianamente, con el tiempo pierde fulgor o deja de ser valorado.


La primera, que un ensamble de músicos solventes que comparten un vínculo humano de amistad, de camaradería, más allá de filiaciones estéticas, siempre va a sonar bien y puede generar, en poco tiempo, como es el caso del Trío del 8B –devenido casi instantáneamente en cuarteto, con la adición del percusionista Mateo Cuéllar– música tan bella y bien lograda, a la vez que lúdica y espontánea, como la que nos ofreció la noche del sábado 1 de abril.


Y la segunda tiene que ver con el espacio que bautiza a esta banda y que reabre sus puertas para eventos este 2023, después de mucho tiempo sin recibir público en su sala. El 8B Departamento Cultural es, desde hace unos años ya, un espacio cultural alternativo que alberga memorables veladas musicales de artistas que, por lo general, son itinerantes, y artistas locales que están fuera del circuito comercial, reducido desde hace años, y salvo escasas excepciones, a reproducir repertorio ajeno y trillado en los boliches.


Desde “Con la sangre en el ojo”, composición de Villalba, como la mayoría de las piezas del set list, la banda declaró principios estéticos: temas musicales sólidos, melodías memorables, algunos riffs y obligattos y a jugar en el espacio musical para que la dinámica de los instrumentistas condujera el tema hacia exploraciones rumbosas y entretenidas. Hubo referencias a la música latinoamericana, como en “Recoveco” (Villalba) que evoca la música marplatense emparentada con el tango, Kioto, (Mao Khan) una intrincada derivación de la cueca o “Para nacer” (Debreczeni) que alude a la zamba y al guapango.


La intimidad del recinto, colmado de público, permitió apreciar la interpretación orgánica del ensamble. El violín de Arpad Debreczeni brilló entre las texturas el sonido acústico y eléctrico de los guitarristas y el acompañamiento de Cuéllar fue sobrio y certero.


El humor singular de Mao Khan, además anfitrión en el 8B (junto a su compañera Gabriela Olivera), sentó presencia en las introducciones y letras de dos de los pocos temas cantados de la noche: “Todos los mares se vuelven desiertos” y “Me pinta la noche”.


“Estar presente”, (Villalba) en la segunda parte del show, mostró al ensamble ya canchero y fue uno de los altos puntos de un recital presenciado por un público amplio, familiar, respetuoso y cómplice.


De estar presente, precisamente, se trataba para mí esa noche, de atestiguar y disfrutar, una vez más, la honesta emoción que produce escuchar a grandes músicos inmersos en el aire que ellos mismos modifican con su arte. El Trío del 8B es un ensamble móvil, incidental y probablemente efímero, que vale la pena ver y escuchar en vivo, antes que se disuelva como el aleteo fugaz de la belleza.

Fotos: Gabriela Olivera

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