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Danzénica: las cosas tienen movimiento

La gestora cultural Gaba Claros quien, junto a la coreógrafa y bailarina Silvia Fernández, codirige el Festival Encuentro de Danza Contemporánea Danzénica, conversó con La Trini acerca de esta primera etapa de obras que se presentó en La Paz a fines de mayo, de la nueva modalidad que adapta el festival en 2024 y de su trabajo al frente de la productora Par Mil.


- ¿Por qué Danzénica 2024 se realiza en tres momentos?

- Lo que intenta Danzénica es mantenerse vivo como festival. Han sido años complejos los últimos (2021, 2022, 2023), a raíz de la pandemia. Las posibilidades de apoyo a festivales se han reducido o han desaparecido, tanto desde lo público como desde lo privado, y esto ha complicado la realización. Se ha buscado un nuevo formato, cosa de hacerlo sostenible, esa es la idea básica de plantearlo en tres momentos. Al no haber apoyos, mantener las características originales (varios días de programación, una grilla con obras de varios países) es insostenible por los costos de producción que representa, la cantidad de actividades, los espacios, la gente que tiene que estar esos días en La Paz...

 

Por otro lado –y no solo en Bolivia– la danza contemporánea no es un arte que convoque de manera masiva o multitudinaria. Tiene un público reducido… y en ese sentido, apostar a una taquilla también es un riesgo. Entonces, hemos pensado una manera de que el festival sea sostenible, sin un riesgo tan grande para sus gestoras, y hemos encontrado esta posibilidad de hacerlo en tres momentos, en los cuales haya una programación, de dos días, máximo, tres a cuatro obras, y con algún invitado e invitada internacional.

 

Entonces, se trata de promover una programación cortita, a la que sí es posible que el público asista, y también en un solo espacio que tenga un aforo más o menos acorde a lo que hemos visto que, de momento, es la demanda de la danza contemporánea. Básicamente la razón es mantener vivo el festival con una propuesta que lo haga sostenible. De todas maneras, es todavía una propuesta piloto, vamos a evaluar qué tal funciona.


- Hablemos un poco de las obras y las compañías invitadas.

- En la primera programación de mayo, que hemos denominado Primer Encuentro Bolivia-Chile, se han presentado tres obras bolivianas y una chilena. De Cochabamba estuvo Alma de Ana Cecilia Moreno, un dúo con un trabajo bastante conceptual y visualmente muy propositivo, con Juanqui Arevalo, bailarín paceño, como invitado. También ha estado Yamachi, un solo de Tania Carafa, quien trabaja mucho sobre la investigación de ciertas tradiciones y prácticas de los pueblos de tierras altas. La tercera obra fue A-0 de María Elena Filomeno y Daniel Quisbert, que han trabajado a partir de su investigación sobre ciertos ejercicios de diálogo y elementos en relación a la inteligencia artificial.

 

La cuarta obra fue de Chile: Two, un dúo de bailarines, una griega y un chileno, que trabajan en la Compañía Oxymoro. Trabajan a partir de una coreografía y música propuesta por la alemana Sita Ostheimer. No siempre es sencillo describir las obras de danza contemporánea, en esa medida sí es importante leer las sinopsis que nos da lugar a interpretar lo que se va a poder ver en las obras. No solamente hubo presentaciones de obras, sino que parte de la programación también son los talleres y un conversatorio que se ha realizado en la Escuela Boliviana Intercultural de Danza en la ciudad de El Alto.


- ¿Cómo ven el camino recorrido por Danzénica desde 2012?

- Ha sido bien potente en su momento, hasta que ha tenido que hacer la pausa. Ha nacido como un encuentro nacional de coreógrafos, el primer espacio donde realmente creadoras y creadores de danza contemporánea se han podido encontrarse, conversar, mostrar su trabajo, en una primera instancia a nivel nacional y luego, a raíz de los vínculos que tenía la gestora y directora de este festival que es Silvia Fernández, se dio la posibilidad de generar una programación internacional.

 

En sus distintas ediciones tuvo la participación de países como Brasil, Argentina, China, México, Francia, etc., pero sin descuidar por supuesto una programación nutrida de las creaciones y producciones bolivianas.

 

Muchas veces la dinámica misma del festival, de tener tantas obras, de atender montajes, ensayos… le resta la posibilidad de espacios de diálogo, de intercambio, de talleres. Aun así, Danzénica los ha mantenido, sin embargo, creo que, en esta pausa, desde las gestoras se ha reflexionado sobre la importancia de volver a esa esencia, la de realmente generar un encuentro entre quienes son participantes del festival

 

- ¿Cómo ven la escena de la danza contemporánea en Bolivia, en términos de espacios de difusión y de formación?

- Estos puntos los hemos conversado con la misma gente que actualmente está creando, trabajando e investigando, o que se está formando en danza contemporánea. Quizá estamos en un momento en el que no podemos hablar de una escena en Bolivia. La danza contemporánea ha tenido sus momentos, digamos, cumbre, en los cuales ha tenido una presencia muy fuerte y sostenida, pero hace un tiempo que en virtud también a las condiciones, que muchas veces son complejas para desarrollar, por ejemplo, un proceso de creación, estamos en una fase de dispersión de energías, de conocimientos, en varias tareas que nos demanda el poder sobrevivir, el poder mantenernos activos.

 

Esta es mi percepción, que no hay una oferta sostenida, como puede ocurrir en el teatro: no hay una cartelera de danza contemporánea, por lo menos una vez en el mes, que tú sepas que se está presentando una obra. Eso no está ocurriendo hace tiempo, las creaciones aparecen de tanto en tanto y si bien siempre se trata de respetar los procesos, vivimos en un sistema demandante en términos de que la gente busca y si no encuentra, pues (el rubro) no se posiciona.

 

Todo esto vuelve un poco complejo el panorama de la danza contemporánea, por lo mismo yo no hablaría de una “escena de la danza contemporánea”, hablaría de trabajo, de esfuerzos que se vienen haciendo, de ciertas producciones que se están realizando.


- ¿En qué proyectos culturales están trabajando actualmente, al margen de este festival?

- Con Par Mil, la productora que trabaja con Danzénica, actualmente estamos con un proyecto sostenido todo el año que es la Escuela de Espectadores de La Paz, que se ha relanzado el año pasado en marzo, y este año tiene también una programación prevista. Ha sido parte del Fitaz con la metodología de los conversatorios. En julio vamos a tener una nueva obra y habrá más en los siguientes meses.

 

Estamos concentrados en este proyecto, en torno al objetivo de fortalecer el desarrollo de públicos, que es algo que le está haciendo falta, no solo a la danza contemporánea sino también al teatro. Ese es nuestro proyecto ahora más fuerte e integral, en el sentido de que no solamente es producción artística, sino que está buscando un trabajo con los públicos.

 

Por otro lado, también tenemos previsto producir otras obras de teatro, principalmente con artistas, directores y directoras de Cochabamba y La Paz; vamos a ser parte del proyecto Germinal, una residencia artística que se va a dar en octubre; estamos conversando de la posibilidad de que también seamos parte, nuevamente, de la Bienal de Arte Sonoro Sonandes, y también de las Jornadas de Música Contemporánea de Casa Taller, con quienes tenemos un proyecto en marcha. Y en relación a la danza estamos viendo un proyecto para dinamizar esa escena, lo que hace falta, pero más orientada a creadoras y creadores emergentes.

 

Fotos: Natalia Medeiros Siles (Yanachi, Alma, TWO) / Diego Revollo (A-0)

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