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Como un mantra de mis labios

El talento de Elisa Canedo se abre espacio lentamente en la escena nacional. La cantante tarijeña está grabando su primer disco en Cochabamba y ofreció un único show en Cocafé el pasado miércoles 29 de mayo.


La voz de Elisa Canedo es plena, es joven, es poderosa y transmite una energía desbordada. El ámbito musical, tan reducido en los últimos tiempos al entretenimiento y a la competencia, no suele ofrecer espacios para una propuesta que busca tocar almas, desde una interpretación que, más allá de las pericias técnicas, permite una expresión transparente del ser que irradia la cantante tarijeña.

 

Con el acompañamiento sólido y envolvente del bajo de Juan Ernesto Saavedra, Elisa, con la voz, con el bombo y con la guitarra nos trajo –y nos llevó a– un mundo de sensaciones profundas, un diálogo con las raíces del sur y con las culturas antiguas, palpable en sus apropiaciones y versiones de las afamadas “Coplas para la Pascua” o “Rosita Pochi” y el “Rompe cantarito” del tupiceño Willy Alfaro; y con las músicas del mundo moderno: huayños mántricos, amagos de blues y rock, bossanovas reilonas.

 

Detrás de los dos músicos, la Virgen de Guadalupe, como un amparo femenino y sereno para un escenario más bien producido para la ocasión (Cocafé no es un espacio donde habitualmente se presencien conciertos). Delante de ambos, un cerco de velas, y en una pared del local con letras dibujadas el mantra Baba Nam Kevalam, que nos pondría a cantar a todos hacia el final del show.

 

De propia cosecha de la cantautora, escuchamos y disfrutamos, entre otras, de “Waikitai”, “Nevadito”, “Resbalando abrigos”, “Maceta Tostada” y el llevadero “Wayño Mantra”, que despega del suelo con la participación del público cantando a coro.

 

En la segunda parte del recital, la aparición en escena de la guitarra, la voz y la siempre jovial figura del Papirri, alias Manuel Monroy Chazarreta, cantautor con el que Canedo colaboró como voz invitada en algunas de sus giras, le dio un toque de distensión y camaradería a la noche, con una copla, una cueca y una ranchera que sonaron memorables a dúo.

 

El desarrollo de diversas técnicas y posibilidades del canto, con una disposición a un tiempo espiritual y lúdica, elevan la propuesta de Elisa Canedo, no solo como compositora, sendero en el que –en realidad– comenzó hace pocos años, sino también como un espectáculo de destreza vocal y un momento de milagrosa conexión con la audiencia.

 

Esperamos verla más en los escenarios del país. Voces con propuesta son necesarias en cualquier lugar, en cualquier tiempo. Nos recuerdan que la música no es tan solo un negocio sino también una vocación y una forma de vida. La estética de la cantante chapaca encarna estos principios, y con certeza tiene un camino promisorio para desarrollarse.

 

Actualmente se encuentra grabando canciones para el que será su disco debut. El tema “Entierro” ya ha sido producido en 8B Estudios de Cochabamba, con Mauricio Canedo, y será lanzado en los próximos meses.

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