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Cergio Prudencio: “Villalpando significó el aggiornamento de Bolivia a la música contemporánea”

El compositor y director Cergio Prudencio detalla el repertorio del concierto homenaje a Villalpando que dirigió en días pasados, y dimensiona la magnitud de este como compositor y figura imprescindible en la historia de la música en Bolivia.


- ¿Qué relación musical y personal tiene con Alberto Villalpando?

- Tenemos una antigua relación con Alberto. Primero lo tuve como maestro, en la universidad, pero también en una suerte de mentoría que siempre he reconocido en él; un modelo. Particularmente con una obra para orquesta que a mí me impactó profundamente cuando la escuché, y de muchas maneras, esa obra me marcó.


Luego esa relación de discípulo que he tenido y aún tengo con él, se ha desarrollado en el marco de la amistad. Hemos tenido siempre un lindo diálogo en un momento de la vida, junto con Blanca Wiethüchter (poeta ya fallecida, esposa de Villalpando), hemos compartido muchos aspectos de la vida, más allá de la música misma: lecturas, encuentros, sin necesariamente comulgar y coincidir siempre en nuestras visiones o estéticas, lo cual es muy saludable.


A la edad que tengo, volver a la obra de Villalpando es como volverla a descubrir y verla desde otro lugar, el mío, lo que me causa asombro profundo: reconocer al maestro de siempre y descubrir a un nuevo maestro, que probablemente en la inmadurez no podía reconocer.


Estudiar a Villalpando en sus lógicas estructurales, si vamos a lo técnico, es algo que por supuesto forma parte de la contribución que quiero hacer a esta interpretación. El intérprete se adueña de la obra ¿no? Y lo asumo como tal. Al momento de dirigir, me apropio de la partitura, me apropio de las atmosferas, de las ideas, de las intenciones, probablemente más allá de lo que la partitura dice; más allá de lo que Villalpando espera inclusive. O porque precisamente lo espera, no sé. En general, hemos venido teniendo un diálogo muy fructífero en ese sentido, es la tercera vez que dirijo un programa con la Sinfónica solo con obras de Villalpando, entonces estoy dejando un paquete de obras de Villalpando montadas con un criterio de interpretación. Y es que la música contemporánea demanda un trabajo de persuasión con la orquesta, de sensibilización hacia aspectos que van mucho más allá de tocar notas.


- Háblenos un poco del repertorio de los conciertos.

- Fueron cinco obras seleccionadas bajo el criterio de representatividad del catálogo de Villalpando.


La Música para Orquesta I, es una obra de hace 50 años, del año 74, pero es la primera vez que se va a tocar en Bolivia. No se podía porque no alcanzaba la dimensión de la Orquesta Sinfónica, pero ahora hemos logrado incorporar instrumentos que la partitura pide específicamente. Es una obra importantísima porque abre una nueva vertiente compositiva de Alberto, que son las músicas para orquesta: ya vamos en la VIII. Y porque alude a la ciudad de La Paz de una manera muy poética y dramática al mismo tiempo.


En contraste están la Música para orquesta VI y la Música para orquesta VIII, que son recientes, de 2022 y 2024. La VIII es un encargo del Instituto Goethe para su aniversario, y la VI no se había tocado nunca. En comparación con la I hay una gran transición, porque del Villalpando de sonoridades exuberantes, se pasa a uno, yo diría, austero, silencioso y meditativo.


Luego está Al mar, que se compuso para el centenario de la Guerra del Pacífico (1979), sobre poemas de Oscar Cerruto. Es una obra para gran orquesta, mezzosoprano y coro de hombres; es una suerte de catarsis de ese dolor boliviano tan profundo y está en un lenguaje altamente demandante en lo psicológico por la idea de repetición, que luego el occidente la patentó como minimalismo, pero que Alberto la anticipa de una manera premonitoria.

Finalmente, Las transformaciones del agua y el fuego en las montañas, refleja el gran sinfonismo de Alberto, de sus tiempos de exuberancia sinfónica, con grandes sonoridades y expansión de la orquesta. Está basada en el mito del Tunupa, transversalizado por la idea de los contrastes complementarios: el agua y el fuego que generan un espíritu nuevo, que es el que transciende y con el que la obra concluye.


- ¿Cómo fue el trabajo de arreglos y dirección con la orquesta para este concierto?

- Arreglos no ha habido, la partitura venía con las particellas que Alberto había escrito y lo que nosotros hicimos fue un trabajo de lectura, de solución de problemas técnico: intraorquesta, arcos, respiraciones, ligaduras, balances, intensidades, códigos de comunicación con el director, etc. Todo esto para armar primero la obra en su manifiesto partitura y a partir de eso entrar a los aspectos que, para mí son más importantes: los conceptos.


Yo siempre le digo a la orquesta: “no tocamos notas, tocamos conceptos”. Y llevar a la orquesta hacia la conceptualización es un proceso que puede ser a veces árido, pero una vez que la orquesta “se deja”, por decirlo de alguna manera, es maravilloso porque entonces la orquesta empieza a devolver, a dar y a contribuir.


- ¿Cómo dimensiona el aporte de Villalpando a la historia de la música de Bolivia?

- El mayor aporte de Villalpando, es haber sacado a Bolivia de su letargo nacionalista romanticoide. Es decir, es un punto de inflexión, es una obra que sacude a Bolivia de su ensimismamiento y de su aislamiento.


Hay un término italiano que se usa mucho que es aggiornarmento. En este caso, fue una puesta al día que se le debe a Villalpando, que trajo las técnicas de vanguardia y las insertó al proceso boliviano. No de manera literal, sino de una manera articulada con las características de este país, hoy reconocido como pluricultural.


 

Foto: Ignacio Prudencio

 

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