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Sin mirar atrás

“Los Decapitados fueron un fenómeno innegable; flamígero, quizás inconsistente, pero poderoso, orgánico y necesario para una generación, una muchedumbre de rockeros “pobres” que no se identificaban con los rumbos plagiarios y pop que abrazaron muchas bandas nacionales en procura de un éxito que, finalmente, nunca llegó.”



Es difícil saber si el último disco de Los Decapitados es un EP o un álbum trunco. Tampoco sabemos si esta colección de siete canciones, algunas de las cuales se distribuían en CD rayados con marcador en los caóticos conciertos de la banda, y que ahora puede escucharse solo en Soundcloud, envejecerá con gracia o sin ella. La muerte abrupta y rodeada de misterio y leyendas urbanas, ya difuminadas en el tiempo, del cantante Arturo Borja quien –según algunos miembros de Los Vengadores, la banda “ahijada” de los Decapitados–, “no tuvo la decencia de envejecer bien” y, según otros, fue asesinado, nos privó de una obra que se pueda valorar con más ancha perspectiva.


Los Decapitados fueron un fenómeno innegable; flamígero, quizás inconsistente, pero poderoso, orgánico y necesario para una generación, una muchedumbre de rockeros “pobres” que no se identificaban con los rumbos plagiarios y pop que abrazaron muchas bandas nacionales en procura de un éxito que, finalmente, nunca llegó.


Después del anunciado último concierto toda aquella música se incendió en una flama del rocanrol, o quizás se estrelló “Contra el asfalto”, como quiere el track 3 del trabajo que nos ocupa.


Pero hablemos del disco. El sonido, abiertamente crudo en su mezcla final (el low-fi, ¿es fatalidad del under de bajo presupuesto o búsqueda estética?), donde la batería se escucha débil y lejana, la calidad lírica dispareja de las composiciones (hay letras lúdicas, casi infantiles, y otras más profundas o inquietantes) y la aceleración punk, que a veces no se corresponde con un canto más bien amable, marcan la impronta de este corto pero intenso compilado. Eso sí, probablemente estamos ante las canciones más melódicas de la banda.


“Corre conejo corre”, referencia a la novela homónima, Run Rabbit Run, de John Updike, manifiesta una marca registrada: la convivencia de una actitud vulgar y de un background culto. De hecho, ahora, es posible interpretar la autenticidad y rebeldía de la banda como una estrategia calculada: el esfuerzo puesto en parecer despreocupados y nihilistas en las entrevistas y el rechazo de la fama y la fortuna como estrategia para ganar adeptos. Incluso hay quienes pensaron durante meses que el largamente anunciado “último concierto”, ahora legendario, no era más que una estrategia para recuperar o ganar audiencia.


“Contra el asfalto” (que en los conciertos era presentada como “Directo contra el asfalto”), parece una oscura premonición del fin, también azaroso, de un fan (a quien no nombraremos) quien, según se rumoraba, sería el asesino de Borja, aunque las autoridades declararon como causa oficial de muerte un paro cardíaco. La canción, cruda en sus guitarras sin ecualizar, recuerda al rock clásico de los 70, el sonido cancionero de algunos viejos temas mid-tempo de La Logia, y nos regala a un Borja vulnerable, por momentos desgarrado.


La colección de “loquitos” protagonista de sus temas siempre fue un gancho para que sus fans, sobre todo las chicas, se identificaran con esas chicas-desastre de las canciones de Borja, y “Recorriendo la motivación suicida de un huracán”, que es casi un happy punk, en onda Fun People, banda a la que Borja declaró varias veces admirar, homenajea a esas chicas-problema.

“Cama enferma” es un extraño blues, desganado, casi forzado. La guitarra suena afilada, pero básica, como cumpliendo un trámite. Y aquí aparece otra leyenda urbana de la banda: nadie sabe quién creó el perfil de Los Decapitados en Soundcloud, ni si estas son las mezclas finales aprobadas.


En “Carretera directa a la heladería de alcohol” la frase repetitiva “no puedo dejar de vomitarte” tiene una impostación juvenil que contrasta con la acritud y ronquera visceral de los conciertos. La ausencia de créditos y la negativa de los ex Decapitados a hablar del tema nos pone nuevamente en el reino de las conjeturas.


“Eterna balística” es violenta y críptica. Como todas las canciones, encierra furia intensa en su breve duración. “Será porque me quiero morir” parece una declaración de pulsión de muerte. “Esta vez pégame con fuerza / con la ira de las ovejas / arrancando el pasto del jardín”. “Será porque me quiero morir”, repite en la coda ralentizada.


Se sabe que Borja era fan de los palíndromos. Su pasatiempo mental, en cualquier estado, era memorizarlos. Pero la voz que lee esos palíndromos en “Estrella que cuelga de tu cuello” no pertenece a ningún miembro de la banda, ¿quién habla en ese tema? Quizás nunca lo sabremos. O quizás alguien se vaya de copas y lo revele en algún momento. El under tiene más chisme y mitología de lo que se le supone.


La fugacidad, desidia o actitud autodestructiva de las bandas under nos impide muchas veces saber si había intencionalidad o accidente. Mientras, todo es especulación. El rock boliviano está lleno de rockeros que viven la fantasía del rockstar (adicciones, marginación, groupies), sin necesidad de saborear la fama y fortuna. Actitud sobra, falta presupuesto.


Este es quizás el último aliento de Los Decapitados y de la fuerza de Arturo Borja como cantante, compositor e imán. El tipo llevaba “La motivación suicida de un huracán”. Le gustaba que lo destruyan. Y se fue “sin mirar atrás”. Parece que llevaba la muerte sobre las espaldas. Y Los Decapitados aceleraron “como si fuera la última vez”.


2018

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