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Buscando en el tiempo

Nataniel González, cantante orureño radicado en Francia, integrante de grupos importantes a lo largo de la historia del rock y del folklore boliviano y la voz legendaria del disco El Inca de Wara (1973), en este diálogo con La Trini, nos habla de su camino musical de más de 50 años, de su encuentro con el rock y del lanzamiento en formato vinilo de su primer disco solista, Buscando en el tiempo, que se presenta estas semanas con conciertos en Cochabamba.


 

- ¿Cómo se vivía el rock cuando comenzaste a hacer música? ¿Cómo fue tu experiencia de empezar a cantar rock?

- Bueno, la verdad es que de niño estuve un poco impedido por una enfermedad, la parálisis infantil. Entonces no tenía mucho contacto con los de mi generación, en la escuela no hacía educación física, muchas cosas. Entonces mi tía me enfiló al canto, porque ella se dio cuenta de que yo tenía una cualidad que, digo siempre, nace con uno; el único instrumento que nace con uno es la voz, porque el resto tienes que comprarte y tienes que aprenderlo, claro que también tienes que cultivar lo que te ha puesto la naturaleza.

 

Entonces yo ya cantaba de niño en la radio El Cóndor con artistas famosos, todos mayores, porque no había muchos programas de niños. Después se hizo un concurso y yo fui elegido para representar a Oruro, se llevó a cabo en el Cine Tesla en La Paz, y tuve la oportunidad de salir entre los primeros, y eso sería en cuanto a la infancia.

 

Luego, cuando ya la voz cambia, no tienes el registro de un niño cantante, entonces empecé a escuchar el rock. Bueno, mis tías ya tenían reuniones y ponían rock: Los Cinco Latinos, Los Platters, había algo de rock y baladas, entonces ya escuchaba eso, y a la vez que me preparaba un poco con el piano, siempre estaba jugando un poco, entonces hice mi incursión en el rock. Primero formamos un grupo con Picho Vázquez, Marcela Claros (que tenía una tienda de instrumentos en la calle Bolívar), Tino Durán (quien murió en una manifestación de estudiantes) y Mario Peña (también fallecido) en la batería, y así fue al principio. Casi en toda Bolivia había bandas llamadas Los Rebeldes, y también nos pusimos Los Rebeldes, eso no duró mucho.

 

- ¿Qué año fue eso?

- Más o menos 1965, 1966 o 1967, algo por ahí. Después pasé a integrar Los Fantasmas, los hermanos Mendoza me invitaron a integrarme al grupo porque ellos tocaban música de los años 20, tocaban música solamente instrumental, y tenían unos buenos equipos, y ahí grabé un pequeño disco, un simple, en 45 rpm, “Ana María”, una canción latina, y “Don’t Let Me Be Misunderstood” (“No Me Dejes Ser Un Incomprendido) de The Animals [N.d.E: original de Nina Simone].

 

Bueno, y así continuó la cosa, luego yo ya me independicé e hice varios grupos como Aqualung o Nalupama, que era un grupo acústico y de pura música de composiciones, y no duramos mucho.

 

- ¿Quiénes integraban Nalupama?

- En ese entonces éramos Nataniel, Lucho [Bayá], Pancho [Romano], y Magoo [Antonio Barrientos], las iniciales era el nombre de ese grupo. Luego yo hice Aqualung, me acuerdo que Edwin Guzmán, el baterista, se escapaba por la ventana. Ahora es un gran poeta… en ese entonces no había apoyo. Ahora todos los padres les compran guitarras a sus hijos, en ese entonces era mal visto tratar de ser músico.

 

Eso pasó y después ya me hice un grupo casi profesional, bueno, de covers, que eran los Stepping Stones, y ahí ya tocábamos música más avanzada; de los Beatles, “Lucy in the Sky with Diamonds”, de Simon & Garfunkel, “Mrs. Robinson”, “Los Sonidos del Silencio” [“The Sounds of Silence”], de Santana hacíamos “Soul Sacrifice”, “Black Magic Woman”, era un grupo apreciado que gustó mucho e incluso nos llevaban a La Paz y a Cochabamba para amenizar fiestas. En ese entonces había varias gentes que apoyaban al rock y les gustaba hacer fiestas con ese tipo de música.

 

- ¿Y cómo se dio la oportunidad de grabar El Inca de Wara?

- Yo iba a La Paz con mi grupo los Stepping Stones, a un lugar que se llamaba El Aladino, era un local de fiestas en el final del Prado, donde hacían matinés bailables. Y pasa una vez que estábamos esperando un concierto en la tarde y aparece un avión de la Fuerza Aérea y empieza a ametrallar el Monoblock, la Plaza del Estudiante, todo eso. Uf, la fiesta, chau.

 

Y habían estado ahí Carlos Daza y Omar León, vieron que yo tenía un registro interesante para el grupo y después me vinieron a invitar a Oruro, me preguntaron si quería iniciar un grupo. Ellos tenían antes lo que se llamaba Conga, Tabú, que después ya se llamó Wara, tienen miles de controversias entre ellos por el nombre, ¿no? Yo, en realidad, considero El Inca, como la fundación de Wara, y después, ya unos dos años después, han pasado a hacer música fusión autóctona-folclórica.

 

- ¿Y dónde grabaron ese disco?

- Ese disco lo grabamos en Heriba, y lo acabamos en Cochabamba, en el sello Lauro. Cuando estábamos acabando los cortes vino la policía judicial, se quería llevar las grabadoras de cinta profesionales, entonces rogamos para que no se las lleven. Acabamos el corte y bueno, no sabemos qué pasó, pero nos hicieron el favor de no interrumpir y ahí es cuando salió el disco, y bueno, ahora no sé actualmente dónde está ese máster, me parece que Heriba ya no tiene el máster, porque en ese entonces grababan encima de las cintas de dos pulgadas porque era caro conseguir la cinta. Aparentemente había esa práctica en Discolandia, en Inbofón y en Heriba, de ahorrar en cinta.

 

- ¿Y esa vez hubo presentaciones en vivo de El Inca?

- Sí, sí, todo era en vivo, pero algunos temas no podíamos presentarlos, porque estaban grabados con gente de primera línea de la Sinfónica Nacional, como el señor Néstor Olmos, Freddy Céspedes, violinista, Pablo Vecino, flautista argentino, un celista de Noruega, no me recuerdo el nombre, después un oboísta boliviano, que es médico en Canadá, tampoco el nombre me viene a la memoria. Posteriormente yo presenté un concierto en Oruro y lo hice efectivo, la primera vez que El Inca fue grabado con músicos de sinfónica, con  Jesús [Elías], el director.

 

- ¿Y después?

- Después yo incursioné en el folklore e hice unos ocho o diez discos con el grupo Aymara, la mayoría están hechos en el exterior, en Estados Unidos, en Francia… pero en Discolandia grabamos algo. Después hemos recorrido de canto a punta Estados Unidos, Canadá, y hemos llegado a lugares increíbles con ese grupo de folklore. En realidad, el folklore me ha catapultado al exterior.

 

Después ya volví aquí, el disco El Inca ha sobrevivido, la gente lo sigue prefiriendo, es un disco de colección, y bueno lo hemos presentado también en un festival de las leyendas del rock, por segunda vez con sinfónica.

 

- Una de tus canciones más conocidas, donde tu voz es característica, y es fundacional para el rock boliviano es “El Sariri”, que tiene muchas versiones, incluso se le ha cambiado un poco la letra, ¿nos puedes contar acerca de esa canción?

- Es el acercamiento, cualquier tema fuerte en el folklore, puedes transcribirlo en rock y entra, entonces yo este tema lo hice con Aymara, bien folk, bien clásico, hay un video así. Y después la gente empezó a gustar ese tema como un referente, especialmente la gente que se va de Bolivia, y después ya empezaron a rockearlo, y yo también en este disco que está en solo, ya lo hemos adaptado, además de “Ancestro”, hacemos un clima de un puentecito, más o menos con la influencia de Domínguez, y entramos a “El Sariri”, también rockeado, es también por mi teoría, no es una teoría, hay estudios, hay libros de la influencia que han tenido los indios norteamericanos para hacer la cultura del rock.

 

- ¿Cuántas canciones tiene el disco?

- Ocho canciones. Hemos empezado a desarrollar esto en varias llegadas mías. Y bueno, se ha ido dando, ¿no? Hemos hecho dos temas que son de dos autores [Carhuancho, Bustillos, según la ficha técnica] que no son del grupo, y el resto son composiciones de mías y de Ernesto [Guevara].

 

- ¿Cómo ha sido el proceso de grabación en estudio de este álbum?

- En realidad, es un trabajo artesanal, porque hemos prescindido de cualquier tipo de auspicio, de compañía o de intermediario, porque así no hubiéramos logrado, digamos, hacer una cosa como queríamos. Entonces, nos hemos unido para hacer entre todos este disco y hemos puesto incluso nuestro capital para poder realizarlo. Los familiares de Ernesto, que son músicos del grupo Bajo Tierra, están colaborando, y el gran apoyo de Centro Púrpura.

 

El baterista, [Sergio Terán] que es ingeniero de sonido de la UNITEPC, tiene su estudio que se llama Temple Records. Así hemos empezado, cada año que yo llegaba hemos ido armando toda la cosa. Después ya vimos la forma de hacer el vinil en Perú, la tapa es composición de un artista gráfico, Omar Trujillo, que tiene antecedentes de haber hecho cóvers de Wara y Aymara.

 

- ¿El disco ya está disponible a la venta para el público?

- Sí, ya está a la venta. Nosotros producimos, grabamos, vendemos y todo eso, y pagamos el vinil que se hace en Perú.

 

- ¿Y hay planes de presentarlo en vivo para el público boliviano?

- Sí, eso es lo que más queremos, presentarlo en vivo para promocionarlo. El disco se presentó en More Humor el pasado 16 de abril, se presentará en Black Monkey el 24 de abril y en Café Typica el 1 de mayo.

 

- ¿Qué esperas de este disco?

- Bueno, es un riesgo también, porque no tenemos temas complacientes, no tenemos el dulzor del romance tipo, digamos, novela de México, así de fondo; son temas que están denunciando algo, y están buscando una cosa más, incluso la poesía, que es un poco más avanzada, porque el progresivo tiene que tener varios elementos para poder salir de lo comercial. Entonces es una cosa, en lo comercial, muy arriesgada, pero hay gente que tiene ese gusto, y están bienvenidos a apoyarnos con la compra de este disco, todo va a estar en las redes el próximo mes, pero ahora ya pueden comprar el disco, que es de edición limitada, para la gente amante de este género y del vinilo.

 

Y quiero acotar que el rock progresivo no ha muerto, hay grupos actuales que te llevan a unos deslices melódicos que parecen imposibles. El rock no ha muerto, solamente ha mutado a oídos que saben escuchar. Esperemos que llegue a la gente que tiene ganas de escuchar algo bueno.

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