Academia del metal

Actualizado: 7 ago

El tejido de las cuerdas disonantes del metal en Bolivia: Análisis descriptivo e histórico del metal boliviano, un compilado de textos de varios autores que analizan los efectos sociales y culturales de la música metal en Bolivia, fue presentado en México y se encuentra en medio de una gira de presentaciones en varias ciudades de Bolivia. La Trini conversó con Reynaldo Tapia uno de los compiladores.


- ¿Cuándo y cómo nace el proyecto del libro?

- Soy docente en City University of New York (CUNY) y Boris Mendoza en la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA) y nuestras facultades nos piden publicar. Mi colega Nelson Varas-Díaz de Florida International University (FIU) había terminado de escribir un libro titulado La descolonización del metal en Latinoamérica y nos invitó a escribir para su revista académica Metal Music Studies (Estudios de la música metalera). Escribimos un artículo sobre la escena hardcore-punk en los 90 durante la era del neoliberalismo y al terminar nos quedamos insatisfechos y con ganas de escribir más sobre la escena metalera en Bolivia.


Nuevamente Varas-Díaz nos motivó para hacer una compilación del metal en Bolivia para presentarlo en el Bienal Global de Estudios de Música Metal que se llevó a cabo en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) de la Ciudad de México. Boris se comunicó con Omar Montecinos que ya había escrito una vivencia de su experiencia con la escena underground y metalera titulada: Cuero y metal: Memorias del underground paceño. Creo que al contar con Omar en el proyecto fue más fácil atraer a otros autores que también habían escrito sobre el metal en Bolivia.


- ¿Cuáles son las principales tesis y conceptos que aporta el libro?

- En mi capítulo exploro el underground y la música metalera como una forma de resistencia descolonial en la cual implemento las teorías de Aníbal Quijano, Walter Mignolo y Silvia Rivera Cusicanqui, entre otros. Las bandas del metal, y en particular del underground, han descolonizado su música metalera no solo al resistir las formas y procesos de la cultura musical occidental popular, sino también al crear espacios que permitieron discusiones y debates sobre las instituciones sociopolíticas, económicas y religiosas que tienen bases coloniales. Por ejemplo, el black metal suele caracterizarse por ser apolítico, pero es anti-cristiano y está en contra de estas estructuras religiosas impuestas durante la colonia.


Boris escribe sobre el underground en Bolivia como la cohesión de distintos géneros musicales que van desde el punk, pasando por el hardcore, el roots, el thrash y las distintas gamas del metal, y resalta que este movimiento social si bien toma como vehículo a la música en su desarrollo, construye una conciencia colectiva que para muchos se entiende como una subcultura, que podría definir el porqué del underground boliviano.


Omar brinda una vívida experiencia personal como miembro de la escena del metal underground recién establecida en La Paz a principios de los 90. Describe los primeros conciertos en La Paz y Cochabamba que también se utilizaron como reunión de bandas y metaleros de diferentes ciudades.


Krupskaia Peredo brinda una descripción general del festival de metal más grande de Bolivia, el Illimani Metal, que se desarrolló entre el 2008 y 2020. Tuvo más de 300 bandas en sus 13 ediciones. Milen Saavedra implementa un enfoque comunicativo, específicamente de procesos socioculturales juveniles para analizar la escena juvenil del metal en La Paz. En las culturas juveniles todo es posible; la música une a los jóvenes metaleros.


Fernando Fuertes describe el underground boliviano como una herramienta de resistencia cultural, que incluye formas de resistencia contra un estilo de vida consumista, mediante la producción de material cultural que no busca ganancias ni popularidad, sino que es destructivo respecto al orden social. Jimmy Coronado describe la influencia del metal en la identidad cultural de las tribus urbanas de La Paz. Explora y explica el grado de impacto de la música metalera como forma de expresión comunicacional en las experiencias de algunos grupos juveniles.


Julio César Gutiérrez documenta 20 años del underground boliviano desde 1990 hasta 2010. Los volantes, flyers y carteles de metal underground comparten muchas de las cualidades de la música que promueven, ya que contienen un arte violento y agresivo, generalmente realizado por artistas amateurs. Franco Limber explica los rasgos distintivos del metalero aymara de El Alto y lo describe como una amalgama de eventos históricos, consumos culturales y privaciones educativas, que lo han constituido en un individuo singular en su medio, que la vez sufre las mismas transformaciones como sociedad.


- ¿Cómo ves la evolución y actualidad de la cultura rock en general y la del metal, en particular, en Bolivia?

- Veo que El Alto se está convirtiendo, o tal vez ya es, una meca de la escena metalera del país. Se están organizando conciertos semanales que reúnen no solo bandas locales o nacionales, sino también internacionales en lugares como Subterránea, El Bunker, Socavón, Wayna Tambo y La Casa del Zippo Pub, entre otros. Pero El Alto también cuenta con salas de ensayos accesibles económicamente donde las bandas pueden practicar y grabar su material.


Antes de la pandemia el Illimani Metal Fest tenía mucho éxito en organizar conciertos y reunir bandas a nivel nacional con la asistencia y el apoyo de instituciones culturales gubernamentales.

- ¿Dónde se ha presentado el libro y dónde y cuándo son las próximas presentaciones?

- Se presentó en México en la Bienal Global de Estudios de Música Metal. En Bolivia lo presentamos primero en el Bar Subterránea de El Alto, luego fuimos al Museo de Etnografía y Folklore (MUSEF) de La Paz. También se presentó en Cochabamba en La Troje Cultura Arte y en Sucre en El Mercado de Kinsa Molle. Tuvimos presentaciones también en la Facultad de Artes de la Universidad Autónoma Tomas Frías y en la Facultad de Antropología de la Universidad Técnica de Oruro. La próxima presentación será en la Universidad Pública de El Alto (UPEA) el 10 de agosto. Toda esta gira se da de cara al I Congreso y Encuentro de Estudios de Rock y Metal de Bolivia, que se llevará a cabo el 7 y 8 de octubre en la UPEA.

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