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Los mundos de Zappa

El compositor, músico y escritor Oscar García, conocedor de la obra de Frank Zappa, nos ofrece este texto a poco del aniversario 82 de su nacimiento.


Sobre la historia, el Frank senior, padre de Frank junior, le dijo cuando era un niño, algo así: “toda la historia ha sido escrita por la clase dominante; las clases dominadas, las de abajo, no podían leer así que en sus reglas no importaba que recordaran qué pasó con ellas”. Zappa, acusado a veces por escrituras sobre el rock de ser trivial, respondía que su tarea era la documentación social. En “Wet T-Shirt Nite”, “Bobby Brown”, “Magdalena”, “Teenage Prostitute” y “Lonesome Cowboy Burt”, se habla de personas y de lugares que la gente educada y bien portada no querría saber ni oír de su existencia. A eso se refería como una tarea de documentación social.


Frank Vincent Zappa nació un 21 de diciembre de 1940 en Baltimore, Maryland. Su padre, Frank Vincent senior, nacido en Sicilia, emigró a Estados Unidos de niño. Su madre Rose, de la primera generación norteamericana, fue hija de un napolitano y una franco-siciliana. No le enseñaron a hablar italiano a sus hijos, ni a Frank junior ni a sus hermanos. Usaban el italiano para hablar de cosas de plata. A raíz de la posición de Italia en la Segunda Guerra Mundial, Zappa tuvo claro que no tenía nada que defender de ese país. Lo que no entendió quizás nunca es por qué lo obligaban a ir a un dentista italiano. El padre trabajó un tiempo de meteorólogo pero al parecer no le alcanzaba la plata así que se dedicaba a fabricar gas venenoso por lo que tenían tanques varios en la casa con sustancias tóxicas. Toda la familia, cada miembro, tenía su propia máscara para evitar accidentes.


La familia se mudó en 1950 por un tiempo a Monterrey, en la costa oeste. Ahí, a la edad de 11 años, Frank Zappa junior tomó un curso de verano de técnicas de percusión y rudimentos de lo que se denomina Scottish Pipe Band Drumming, que viene a ser la base de muchos bateristas de jazz. Evidentemente esta base en rítmica fue uno de los pilares fundamentales en la música de Zappa que se movía entre la tradición escrita (la música a la que le suelen decir, de manera un tanto ridícula, clásica, culta, selecta y otros adjetivos parecidos) y el rock. Se volvió a trasladar la familia de ciudad, lo que se traducía en una dificultad para hacer amistades duraderas. Eh ahí la canción “I Was a Teenage Maltshop”.


Las músicas de vanguardia eran por ese entonces, y aún hoy, resistidas por la crítica, por músicos tradicionalistas y, en general, por un público sin la menor disposición a aceptar que las cosas, entre ellas las músicas, pueden cambiar. En la ciudad en la que vivía Zappa, cerca de sus 15 años, descubrió una tienda en la que se vendían esas músicas extrañas de autores como Varése, Schoemberg, Webern, Stravinski, que con sus numerosas innovaciones técnicas, de manipulación sonora, de estructuras, influenciaron muchísimo a músicos en las décadas de los 50 y 60, como a Stockhaussen, a Pierre Boulez y por supuesto, a Zappa. En esa tienda descubrió “Ionisation” de Varése. Varése le causó un shock, Stravinski lo sublime. Para su cumpleaños número 15, planeó hacer una llamada a Varése, por teléfono. Pero Varése estaba en Bruselas componiendo con Xenakis.


No se hace muchos homenajes o tributos a Zappa. Será que su música no se entiende, a decir de algunas personas que sí entienden la música de Vivaldi o la de Bach. Músicas de siglos en los que se usaban bouquets de flores en los matrimonios para atenuar el olor de las personas y pelucas dentro de las que podían habitar ratones.

"Su obra, entre música posmoderna, de vanguardia, rock innovador siempre, aventuras de los lenguajes, sigue siendo el producto de una persona cuya revolución era un ejercicio diario, en lo musical y en lo textual".

La sesión de grabación de Joe’s Garage (1987) fue planeada para grabar un simple y terminó siendo una grabación de 17 piezas. Los solos de guitarra se grabaron de forma aislada, en una grabadora Nagra y fueron sumadas luego a las pistas del resto de instrumentos. Claro, pasaron cosas como que algunos de los solos no coincidían con la métrica del resto. La base de “Packard Goose” está en 4/4 y el solo en 15/16, por poner un ejemplo que, leído, es una anécdota. Hablar de música, decía alguien, es como bailar de arquitectura.


El solo de guitarra en “Toad-O Line” es como un procedimiento de Cage o de William Burroughs, provocativo, sorprendente, un desafío, una gran pieza musical.


Ante la pregunta sobre qué de especial hay en su música, en su forma de tocar, Zappa mencionaba al ritmo, a la rítmica. Unas transcripciones de sus solos muestran aquello que podría llamarse inacademicismo de gran complejidad. Es interesante, dijo en una entrevista, cómo se ven las bolitas cuando toco grupos de seis notas y acentúo la quinta.


Su trabajo orquestal con la Sinfónica de Londres lo autofinanció porque no había otra forma. Al escuchar el resultado da la impresión de que las complejidades de su música con instrumentos eléctricos, en una banda, se achicaran, se acomplejaran. Él mismo, comentando sobre esta experiencia sonora, la comparaba con un dinosaurio con la cabeza pequeña y un enorme cuerpo. Es que parecía una necesidad en los años 80 (se lo sigue haciendo), separar el rock o lo popular, de la música contemporánea, la seria, la que requiere usar chompa negra de cuello redondo, mirar desde arriba al resto y explicar la obra por escrito o hablando para que se la respete, al menos.


Frank Zappa murió de cáncer el 4 de diciembre de 1993. Lo enterraron al día siguiente, en familia. Se anunció su muerte el lunes. Le hicieron diversos homenajes, notas en la prensa, resúmenes de su obra, apuntes sobre su posición política, polémicas sobre su innegociable forma de pensar que –en la música y en otras cosas, el sistema de clase que divide las expresiones en altas y bajas, en mayores y menores– debería, en algún momento, desmantelarse. De ahí que su obra, entre música posmoderna, de vanguardia, rock innovador siempre, aventuras de los lenguajes, siga siendo el producto de una persona cuya revolución era un ejercicio diario, en lo musical y en lo textual.


Lazaroff, un músico uruguayo, se preguntaba, musicalmente hablando: la música de la nueva trova, ¿pertenece a la revolución cubana, o a la francesa?


Ilustración de Israko Navia



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