Las palabras de la noche son estrellas

Actualizado: 27 jun

Desde Santa Cruz nos ha llegado la noticia de la partida de Eduardo Kunstek (1952-2022), poeta perteneciente a una generación dorada de las artes orureñas. Su obra, sin embargo, ha sido muy poco difundida. En La Trini le rendimos homenaje.


Un poeta no muere se resquebraja como hoja seca para ser música.

Eduardo Kunstek


Por eso es que he decidido nunca olvidar.

Andrés Calamaro

“Una trama de palabras olvidadas” es el primer verso del poema “Membresía”, incluido en la compilación De la órbita final, que es, de hecho, final, en cuanto a la reunión de la obra más bien dispersa del poeta orureño, y un testimonio de sabiduría y templanza poéticas. No queremos que sus palabras se olviden en este tiempo en que la memoria a largo plazo es una especie en extinción. Así que recordamos a Eduardo Kunstek como a un autor digno de ser leído en un país que -estoy convencido- es tierra de poetas.


Activo y descollante en una generación de vates orureños que tiene nombres como los de Edwin Guzmán Ortiz, Eduardo Nogales o René Antezana, Kunstek publicó cinco poemarios, integró el movimiento 15 poetas de Bolivia y fue fundador y miembro del consejo editor del suplemento El Duende de Oruro, la publicación cultural más antigua vigente en el país.


Algún día escribiremos sobre la mítica Galería Imagen, en los 90, escenario de tertulias que hoy se han ido, como se van sus poderosas voces. Por ahora, recordamos la vida de Kunstek y celebramos la estela de su legado en estas palabras que, según su creador, “con más humildad que orgullo, gusto de llamar poemas”.


Ciudad


¿Quiénes son las gentes ocultas

tras el macizo de edificios titubeantes,

qué nombre tienen las aguas que besan tus playas,

cuál fue el verano que ordenó las calles,

cuál la primavera que les dio nombre,

volcando recuerdos en los aleros

con qué fervor arden los hogares?

Ciudad invicta tras los muros de bruma

mis ojos solo ven los campos que te exceden

como mi vida más allá de los dominios de tus puertas

de tus mujeres de puntuales faldas

sobre el pan de madrugada y las flores

solo veo su amor tras el vellocino

huidizo de una aventura sin par.



Florescencias


Erguidas con el penacho en alto

son el mayor enigma de Babel

-las flores no tienen bandera-

el lenguaje ofrecido del más allá vegetal

una forja hermética de la inteligencia

seducción que baña los sentidos

prolijo ruido de colores, texturas y aromas

un silencio que sabe arrullar la sutil brisa

bajo qué orden se signan los pactos

una calma trayectoria que cautiva

como sol cuando rueda el girasol.



Paja Brava


Una a una se fijan

en mi memoria como espejos

abrazados a la lluvia

las espinas cautelosas

congelada su alma la paja

de los bosques de vida silenciosa

donde nadie se quiere más

que la luz que recibe

cuando amainan los ángeles

cuando flota en el aire amenazante

entre las miasmas de tierra húmeda

el desierto de los tropezones culposos

ellas ganaron con sus espinas al jardín

que se sueña cielo y recorre

a puerta cerrada el inmenso terruño.

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