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La palabra que empieza por M

Este texto obtuvo el segundo lugar en el I Concurso de Crónica Teatral convocado por la revista Rascacielos, la Red Boliviana de Periodismo Cultural y el Festival Internacional de Teatro (Fitaz) 2024.



Llegarás dos horas antes al Teatro Doña Albina con la Shan. Ecuador, esquina Rosendo Gutiérrez, en un edificio de fachada de cemento de la Fundación Simón I. Patiño. La presentación de Mentira cochina coincidirá con la Larga Noche de Museos. En el vestíbulo, encontrarán a Bernardo Arancibia, el actor de teatro. El sucesor del FITAZ, como dijo Maritza Wilde en una entrevista. Llevará el cabello recogido en un moño. La barba canosa perfilada. Les preguntará si trajeron tapitas de plástico para apoyar a los voluntarios contra el cáncer infantil. “No”, dirán con vergüenza. Él pondrá cara de Poker Face. Luego se alejará decepcionado.


Una encargada con pinta de hippie y montura transparente les dirá que solo ingresarán si queda algún espacio libre. En seguida se acercará un niño todo orondo. “Tengo ochenta tapitas de Coca-Cola”, dirá. Pensarás en la diabetes infantil. “Espérame”, dirás a la Shan. Primero, te dirigirás en la Librería Armonía. El encargado te llenará de folletos sobre el veganismo y los beneficios del tofú. Luego irás hacia el Mercado Sopocachi. Encontrarás a un chofer de un camión de refrescos. Preguntarás si te puede vender las tapas de las botellas vacías. “Negativo”, te dirá. Preguntarás en una tienda de barrio. La casera te dirá que recién se llevaron gratis ochenta tapitas. Repetirá con lentitud: “GRA-TIS”. Le dirás que le darás lo que te pida. En un principio se negará. Le rogarás hasta que baje la guardia. Luego te dirá que cada tapita está a cincuenta centavos. Harás cálculos con los dedos de tus manos. Pensarás en tu profesor de matemáticas. Le darás un billete de veinte bolivianos. Te dirá que no tiene cambio. Dirás que no tienes sueltos. “Para la Pachamama”, te dirá. Entonces regresarás lo antes posible al teatro.


La Shan estará haciendo fila delante de un tipo prepotente que gritará: “MI-HIJA-TIENE-UNA-PRESENTACIÓN-MÁS-IMPORTANTE-QUE-ESTA-OBRA-DE-TEATRO”. La encargada explicará que la presentación de danza será más tarde. Pensarás en el ego desmedido como si fuera una máscara de yeso. Luego entregarás las tapitas de plástico e ingresarás a la segunda fila de butacas con la Shan. En el Facebook, mirarás un video de la inauguración del FITAZ. En el video, un público anónimo gritará a Bernardo Arancibia: “¡Ministro! ¡Ministro!”. La Shan te preguntará: “¿Ministro de Culturas? ¿Ministro de Defensa?”. Lo pondrán nervioso. Lo tomará a broma. Entonces sonarán los tres timbres. Las luces del teatro se apagarán. Escucharás una voz con el acento de una película doblada al español de España. La obra de Cal Teatre empezará. La dirección estará a cargo de Dora Cantero. Los dos actores serán primero sombras detrás de una mesa. La Shan te dirá que en el folleto dice que es una obra para niños. “¡¿Qué?!”, dirás. “¡¿QUÉ?!”.


Recordarás que la encargada había dicho que nadie podrá salir antes de que acabe la función. Escucharás risitas a tu alrededor. Luego te hundirás en tu butaca. Las voces de los actores clasificarán las mentiras. Las mentiras piadosas. Las promesas rotas. Las mentiras por omisión. Las mentiras del teatro que en realidad son verdades disfrazadas de mentiras. Pensarás en un meme de Eugenio Derbez: “Eso sí me interesa”. Te acomodarás. Les darás una oportunidad. “Las mentiras como una casa”, dirán. Los dos actores estarán vestidos de un blanco impoluto. Llevarán unas gafas blancas sin cristales. Entenderás que pertenecen a una corporación que crea mentiras de muchos colores. Los arquitectos de la mentira. En algún momento, llamará un niño que vive en una chabola. “¿Cómo te llamas, chaval?”, preguntará uno de los actores. “Pino”, responderá. Pensarás en Pinocho. Claro, en la película de Disney. En su doblaje con acento argentino. “Po-li-sha”, dirá Pinocho en esa versión. Luego Pino dirá que necesita mentiras para decirlas en su nueva escuela. “Me urge”, dirá. El otro actor sacará unas marionetas de una especie de cajas blancas de delivery. Los actores desaparecerán detrás de la madre de Pino. La hermana de Pino. La abuela de Pino. Su madre es ama de casa, aquejada por un dolor crónico de ciática. Su hermana es adicta al celular y a las fake news. Su abuela está loca. Ladra. Berrea. Cacarea. Entonces, te harás niño otra vez. Les comprarás el engaño. Pensarás en tus propias mentiras. Recordarás esa vez que tu padre te pidió guardar un secreto. “Hoy me despidieron”, te dijo. “No se lo digas a mamá”. Los actores armarán una casa con todas esas mentiras. Pino vivirá en ella, pero de tanto usarla se desplomará por su propio peso. “¡NO!”, gritarás. “Salta”, dirá la hermana de Pino. Los niños del público también gritarán: “SALTA”. Las marionetas quedarán suspendidas en el aire, abrazadas en una especie de danza inmóvil. Verás que la Shan aguantará la respiración. Le sujetarás su mano con tu mano sudorosa. Luego de un rato, la obra concluirá con la palabra: “Teatro”. Las luces se encenderán. Pensarás que la ficción es una mentira que aspira a alcanzar la verdad. La verdad simbólica. La verdad como una fiesta. La verdad poética. Entonces aplaudirás como todo el público a tu alrededor. En el vestíbulo, verás una larga hilera de personas. En uno de los salones, habrá una exposición de cascos de The Mandalorian, Stormtroopers, Jango Fett. En un televisor, verás el logotipo de los 25 años del Star Wars Fan Club Bolivia. Escucharás la Overture alias Star Wars Theme alias Luke´s Theme. La Shan te preguntará cuánto te costaron las tapitas. Entonces te tocará responder.



Argumentos del jurado

El jurado integrado por Karmen Saavedra, Andrés Peñaloza y Mabel Franco dijo de la crónica: “En este trabajo es destacable, en principio, el recurso del lenguaje. Los verbos en futuro crean una expectativa que se mantiene más allá del punto final. La experiencia del autor recrea su encuentro imprevisto con una obra para la niñez –Mentira cochina de CalTeatre (España)–. La obra es recontada de tal manera que es posible imaginarla aun para quienes no la vieron. Y tal recuento se entrega en dosis que se equilibra con las de la memoria de otros sucesos en la vida del autor y de observaciones de actitudes humanas amplificadas gracias a la obra teatral y al ejercicio de escritura de la crónica”.

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