El peso exacto del poema
- felman ruiz
- 10 sept 2025
- 4 Min. de lectura
Presentamos, en primicia, una selección de Manual Iniciático para un rapsoda o De cómo no encontré un título más largo que este, poemario con el que Felman Ruiz ganó el LII Premio Municipal de Poesía Franz Tamayo 2025, libro próximo a ser publicado.

Sobre un poema que huye como un fauno
Poema performático
Este poema, señores.
No se asienta en la página
Salta con la elegancia cóncava
de una gacela australiana
Huye con la ligereza de un cervatillo
que acaba de parir el mundo
Es tan juguetón
que borbotea en la sangre de un fauno
En el piso, el poema se hace una lagartija vertiginosa
sigue las líneas sin distinguir entre cerámica o machimbre
es un juego cortazariano a ras del suelo
Sube la pata de una silla como un gecko
se cuelga del pelo de una Rapunzel en la tercera fila
trepa cabellos cual cables de acero colgantes ¡es un dios-mono!
Va liándose entre las cabezas de cada uno de los asistentes
en una pelea a muerte entre una mangosta y una serpiente
La derrotada cae de un hombro en la última fila
Es un Altazor en su Viaje en paracaídas
Mientras que a la vencedora le crecen alas luminosas
y ahora es un polilla despegando de un domo
asciende en espiral tomando la habitación completa
Va de rincón en rincón, con la inquietud de un átomo
Queda enamorado inmediatamente de esta bombilla
La orbita como un cosmonauta ruso
–Gagarin observando por primera vez el planeta–
Así la rotación de las lunas de Saturno y de los enamorados
De pronto, al detenerse
observa la mirada transeúnte de los espectadores
y se siente una Nefertari observada por su pueblo
amada por su pueblo.
La mariposa no recuerda la oruga, pero sí el encierro.
El poema entonces llora
y parece activar el rociador para incendios
para empezar asi el aguacero
La sala entera se empapa con sus huesos
Huesos de fauno/gacela/línea/gecko
Hanuman/mangosta y serpiente
De poeta chileno/de cosmonauta ruso.
Su diluvio moja gabardinas/camisas de franela
Relojes de pulsera/libros de editoriales independientes en las manos
los zapatos mejor lustrados en la primera fila.
Solo para evaporarse a la par del rocío matinal
o como las moléculas de un perfume metafísico
La belleza es un intento
de cazar a ese animal
que nunca, nunca
se deja cazar.
Sobre cómo escribir un poema que pese una tonelada
Empiece con 420 kilos de mármol fríotallado en la figura de un dios caído a menos
Apile todos los volúmenes de la Encyclopædia Britannica,
70 kilos de papel y lomo haciendo de peso muerto en el decorado
Ponga cada una de las herraduras de Babieca lado a lado
6 kilos de metal que resuenan a galope entrando en la batalla
Desempolve los 30 kilos de la Biblia de Gutenberg
y empiece a multiplicar los libros como panes y peces
Decore el atrezo con una decena de candelabros
48 kilogramos de hierro danzan sobre un escenario oscurocomo si Poe aún nos mirara desde el fondo de un cuento
Inventarie la tumba del escritor francés de su preferencia
las flores muertas sobre caoba solo pesan 56 kilogramos
Amontone una Remington portable
una Underwood Standard Una Olivetti MP1
que las máquinas infinitas
no superan juntas los 24 kilogramos
Más pesó el dolor invisible que se posó en sus tipografías
Léase Silvia Plath, César Pavese, Marina Tsvetáieva
Recoja de los restos incendiados de Alejandría
96 kilogramos de saberes hechos ceniza
La humanidad siempre tiende a repetir
los mismos incendios
Complete el arqueo con los 250 kilogramos del ancla de Ulises
y hunda en la marea
los sueños de Ítaca.
[Nota para el estibador en curso:
Si faltase 1 gramo
Añadir un punto final
que redondee
el peso exacto
del poema]
Arte Poética: Barro.
Atestiguar nacer al bisonte ocre en Altamira y sentir que uno está ante un milagro símil al parto de una estrella roja. Tener en el pecho el hambre y la sed de cien madreselvas cuyas raíces se extiendan como brazos de hecatónquiros buscando el carozo de la tierra. Sus troncos tan enormes como una flota vertical de catamaranes. Su verde tan tupido como el corazón del musgo. Su semilla tan fecunda como el polen del universo. Barro del universo.
De repente los ojos se posan en las cosas como cuervos obstinados en el arquitrabe. La oficiosa gota que horada la piedra es de una dureza que no comprende la escala de Mohs. Todo en el mundo vuelve a ser nuevo, un coruscar de alborada conmina las cosas y su existencia. Todo es tan reciente, tan matinal, la luz centellea en la cresta de las olas de una manera que enceguece. Párpados livianos espolean caballos desbocados y peces fosforescentes que se hacen saltar el ripio. En el aire queda el temblor de algo por nombrarse, una vibración primigenia que eriza hasta la piel de los rinocerontes. La forma en que se narran las cosas dicen mucho de nosotros. Las aves inventan el cielo al ser las primeras en cruzarlo, y son los grillos quienes orquestan la noche a su antojo. Las estrellas fulguran en el manto y hablan de nuestra fugacidad con admiración y espanto. —Los que parpadeamos siempre fuimos nosotros —murmura un conserje mientras barre dudas metafísicas en su turno nocturno.
El barro es el lugar donde todo comienza y donde todo vuelve, una huerta primordial donde los dedos son artesanos o demiurgos. Y todo viene del barro, incluyéndonos a nosotros y a nuestros sueños de bisontes.
Acaecerá la noche infinita para dejarnos brillar en la oscuridad.
Empezarán las hogueras. Empezarán las preguntas.
Felman Ruiz. La Paz, Bolivia 1989. Ingeniero Industrial. MBA, MIB; actualmente cursa el Máster de Literatura Comparada de la Universidad Adolfo Ibáñez. Ha publicado los libros de poesía Fauces o de belleza magra (2015), Donde los dos azules se tocan (2022), Incitación a Roer (2023), Un olmo que sí da peras (Premio Edmundo Camargo, 2024), en Bolivia; e Icárico (ElÁngelEditor, 2024) en Ecuador. Explora la fotografía, la narrativa y el stand up. Tiene un perro llamado Togo.







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