El gran misterio de Saenz

La noche del viernes es una obra de teatro que el canónico escritor paceño dejó inédita y no se había puesto en escena hasta ahora. Este 30 de septiembre, 1 y 2 de octubre, bajo la dirección de Freddy Chipana, la obra cobrará vida en el Teatro Galpón de La Paz.


- ¿Cómo fue tu encuentro con el texto de Saenz?

- Jaime Saenz es, creo, un misterio muy grande. ¿Cómo afronto el texto? Para mí es complicado, porque hemos decidido, a pedido del productor Miguel Pecho y de Gisela Morales (de la familia de Saenz), que no sea una versión de Freddy Chipana, ni sean fragmentos, sino respetar el texto y que sea un montaje “textocéntrico”. Esto quiere decir que vamos a respetar las ideas de montaje, los aportes del autor. Entonces, como nunca se ha montado, para nosotros se trata de rescatar y es un poco complicado porque tiene una escritura muy particular.


Te doy un ejemplo: hay una rueda que rueda y esa rueda que rueda es una rueda que no quiere ser rueda pero es una rueda que rueda. Es un texto que dice muchas cosas utilizando las mismas palabras. Entonces es un enredo. Para los actores ha sido muy difícil aprender el texto, y para mí un enorme reto: ¿cómo poner en escena un texto que ha sido escrito hace tantos años, del que no hay muchos detalles de escena? Lo digo como actor, como director y dramaturgo.


Hay dos opciones en teatro: o lo dices o lo haces, pero no puedes hacer las dos cosas porque ya sería retórico. Esa ha sido una limitante. Hacer funcionar el texto, ha sido repensar el texto. Creo que tiene una potencia muy fuerte, y creo que también hemos encontrado algunas falencias. Lo digo como alguien que vive y entiende la escena como algo mucho más dinámico de lo que era hace años cuando; creo que hay un cambio en la atención, en la mirada y en la velocidad en cuanto al púbico en este tiempo.


Entonces, repito, es un reto. He respetado todo ese universo y hemos cambiado solamente algunos elementos escenográficos, porque montar la obra tal cual, la construcción de la escenografía y por la cantidad de actores (30), sería un gasto increíble de dinero. Fue complicado pero lindo: montar una obra de Jaime Saenz es algo cautivante, es algo que de alguna manera enamora. No sé si lo he logrado. Más que hacer una versión nuestra se trata de acercarnos a Saenz, imaginar cómo sería un mundo saenciano; no ver a Jaime Saenz en el escenario, sino aquello que él estaba buscando al contar esa historia. El misterio es lo que me ha interesado.


- ¿Cómo se trabajó la puesta en escena de la obra?

- Son tres actos. El primero es la historia de un peluquero y de un oficial, que es en realidad un ayudante, y hay varios caballeros que son parte de una “escenografía humana”. Es interesante ya que muchos de los textos son muy Saenz, con un imaginario que no es concreto, un misterio. El segundo acto es la historia de un herrero, una mujer y Farfán, que es el ayudante. El tercer acto es la historia de tres personajes que están en un horno que, al parecer, es el infierno donde está un condenado y aparece un peregrino.


Hemos tratado de ser fieles a la construcción que pedía el autor, pero hemos descubierto también que necesitábamos que el espectáculo tenga un ritmo válido, pues el universo que él propone es a veces muy estático. Entonces hemos tratado de encontrar algo que sea más interesante para el público.


La puesta en escena está acorde al universo de Saenz, pero hemos tratado también de darle potencia a las imágenes, agregando algunos elementos para redondear las ideas. Es un montaje muy grande, los cambios de escena son casi inmediatos, así que unimos las escenas para que no haya muchos cortes. Hay un corte en la mitad y nada más. Hemos tratado, entre todo el equipo de producción, de llevar el universo de Saenz a un nivel altísimo de la escena. Para mí siempre es complicado porque una obra nunca termina de montarse, entonces es un riesgo, y debo valorar que los actores que están en escena se han animado a presentar la obra pese a que hemos tenido algunos problemas económicos y de tiempos, porque son actores de varias compañías, actrices y actores independientes. Coordinar tiempos y encontrar espacios ha sido difícil. Veremos qué pasa con el público. Siempre tengo la duda: ¿será eso lo que Jaime Saenz quería hacer? De alguna manera sale mi impronta también, mi pensamiento escénico, ¿no?, pero trato de desligarme en lo posible para respetar el universo del autor.


- Cuéntanos sobre el equipo y el elenco que participa en la obra.

- En el primer acto está Luis Caballero que es el ayudante; Kike Gorena, que es el peluquero; Nelson Zanga Rivas que es el lustrabotas y varios actores secundarios. En el segundo acto está Bernardo Arancibia, como el herrero; Marcelo Fuentes que hace de Farfán y después Patricia García que es la mujer del herrero, además de secundarios y extras. Y en el tercer acto están Marcelo Fuentes (Anacahuita), Fernando Botelho (el Ratón Pérez), Aníbar Lima (Deodato) y Luis Caballero, como el condenado; Kike Gorena es el peregrino y también hay varias mujeres extras. Cada acto es independiente, los actores pasan de uno a otro, en un principio hemos querido que haya un actor por personaje, pero el presupuesto no dio.


En escenografía está Juan Carlos Ferreira y Janeth Cerrogrande; en vestuario y maquillaje, Angie Vattuone; en la iluminación, Sergio López; en el diseño sonoro, Oscar Kellemberger, en la producción, Miguel Pecho y Gisela Morales nos colabora con los derechos.


- ¿Hay planes para llevar la obra a otros espacios o ciudades después del estreno?

- Tenemos la idea de llevar la obra a las ciudades capitales, pero con todo el plantel humano, es difícil. Estamos en eso, a ver si encontramos apoyo. Es un homenaje a los 100 años de Jaime Saenz, esa es la motivación que nos ha unido para trabajar, porque no creo que sea una obra rentable. Yo estoy un poco cansado de hacer proyectos grandes que el público no pueda ver. Después de las funciones en La Paz veremos esa posibilidad. Si es un éxito, se venderá solita.


- Hace poco cumpliste 20 años con Altoteatro, ¿cómo vives este momento profesional?

- Tengo 32 años de dedicarme solamente a la escena, vivir de la escena y de entregar mi vida a la escena. Para mí estos 20 años con Altoteatro son un privilegio porque el capital humano con el que trabajo es una bendición. Les exijo demasiado, a veces reniegan conmigo por la exigencia, pero nunca dejan de sorprenderme.


Para celebrar los 20 años vamos a hacer un festival del 14 al 22 de octubre en el teatro Doña Albina de La Paz, donde presentaremos Basura, peligro, que es nuestra obra emblemática y Ratas, que es un monólogo. Y nos va a acompañar Nueva Escena que llega desde Argentina, un grupo que tiene más de 60 años y con quienes ya hicimos varios montajes en esta cofradía que hemos logrado formar entre Bolivia y Argentina; es un grupo al que admiramos mucho. Va a estar también Sergio Mercurio, el Titiritero de Banfield quien, junto a su esposa, Rosi (Rosimari Jacomelli), va a presentar la obra Viejos, un espectáculo humano muy conmovedor. Y va a estar Teatro de Los Andes con Mar, obra en la que actúo con ellos.


Será una oportunidad para reencontrarnos con la idea de “teatro de grupo”, y para hacer un homenaje a toda la gente que nos ha ayudado a crecer, a estar en este lugar. Lo más lindo de esto es que vamos a dar unos reconocimientos (el 18 de octubre) a gente que, pensamos, nunca es reconocida y con Altoteatro queremos decirles gracias.


Disfrutamos lo que hacemos, peleamos para que el público no nos abandone y por un teatro de calidad. Peleamos para que el teatro de Bolivia esté a un nivel alto.


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