Contar nuestras propias historias

La ópera prima de Alejandro Loayza es una de las más premiadas del cine nacional, incluso antes de su estreno en Bolivia este 29 de septiembre. La Trini conversó con el director acerca del proceso creativo y de producción del filme y del -siempre- urgente tema de la identidad.


¿Cómo y cuándo nace el proyecto de Utama?

El proyecto de Utama nace a inicios del 2017, pienso que responde a una serie de inquietudes que tenía en su momento como y se manifestaron en una idea en la que quise conjugar todas estas preocupaciones. El proceso de escritura es un proceso largo en el que la obra se va nutriendo de mucho pensamiento, de mucha interacción y de mucha nueva información. Quería hablar de temas que considero importantes en el debate nacional, como la pérdida de culturas, la identidad, la migración, las relaciones intergeneracionales y el cambio climático. Tuvimos la enorme suerte de viajar por toda Bolivia y ver distintas realidades y de profundizar en un trabajo de ficción lo que habíamos comenzado con el documental Planeta Bolivia.


¿Cómo fue el proceso de realización de la película?

Creo que sobre todas las cosas fue un proceso muy alegre y con muchos regalos. Me regaló la experiencia de desarrollar una película desde cero con mi hermano Santiago y de tener la guía de mi padre durante todo el proceso. Me regaló la oportunidad de trabajar con gente maravillosa y de conocer a un grupo humano con el que estaré siempre agradecido por la entrega y cariño puestos en la película. Estuvimos alejados de la sociedad durante casi 2 meses como equipo y en lo personal casi como 5 meses, pero estábamos en un lugar tan hermoso y generoso que respirábamos paz. Es una coproducción con Uruguay y Francia por lo que el equipo tenía un gran número de uruguayos, conocí gente que considero serán mis socios creativos por mucho tiempo más y ese es otro regalo. También fue un proceso marcado por emociones muy fuertes, primero los incendios en la Chiquitania y después la crisis política. Los sentimientos a flor de piel y el sentimiento contradictorio de estar haciendo arte mientras el país ardía. Fue sin duda muy difícil de llevar para todos.


En Bolivia un tema constante es el de la identidad, ¿cómo trabajas este tema en tu película?

Creo es natural que la búsqueda de identidad sea un tema constante en nuestro arte, somos un país muy diverso de enorme riqueza cultural, pero a la vez con un orgullo y nacionalismo con muy baja autoestima. Siento que esa es la importancia del arte, el de reforzar nuestra identidad, contar nuestras propias historias, tener nuestras propias melodías y por eso es tan importante que las autoridades y la sociedad civil le brinden el apoyo que necesita. En ese sentido quizá uno de los actos más patriotas que puedas hacer en un país como Bolivia es hacer arte.


En la película hay por un lado un conflicto de identidad, sobre todo en el personaje de Clever (el nieto) y por otro lado un fuerte sentido de pertenencia y seguridad sobre el lugar en el mundo. Entran en conflicto porque uno está desapareciendo en manos del otro, el mundo rural y el mundo urbano, lo global y lo local, lo nuevo y lo viejo. Creo que estas dicotomías son constantes en el sentir del boliviano, sin importar la región de la que venga.

“Quería hablar de temas que considero importantes en el debate nacional, como la pérdida de culturas, la identidad, la migración, las relaciones intergeneracionales y el cambio climático.”

¿Cómo es la experiencia de participar de festivales y entregas de premios internacionales?

La experiencia de los festivales es sin duda muy enriquecedora, he podido conocer a gente muy interesante, colegas de varios países con visiones muy diferentes, también he podido conocer culturas y sobre todo entender mucho mejor la industria mundial. Entendí que es un proceso muy importante para la promoción de una película. Ya sabía mucho de esto, pero siempre en teoría, vivirlo en carne propia ha sido totalmente distinto. Lo más hermoso de todo es ver que una sala llena en un país muy lejano al nuestro pueda empatizar con personajes de Bolivia y puedan asombrarse con nuestra música, nuestros paisajes y nuestra cultura. Siento que lo más fuerte del cine es poder justamente acercarnos y entendernos en todas las latitudes. Por eso pienso que es tan importante que en Bolivia produzcamos y consumamos nuestro propio arte. Así alguien que es del sur podrá entender cómo piensa y sufre alguien del norte, y alguien del occidente podrá empatizar con alguien del oriente porque en el fondo son los mismos problemas y sentimientos.


Utama ha estado recibiendo una cantidad de importantes premios internacionales, ¿cómo vives este momento?


Vivo este momento con mucha ilusión, obviamente me genera mucho orgullo, pero sobre todo me siento profundamente agradecido, con el equipo de Utama, con cada artista que contribuyó en esta película, con los productores, con mi familia, con amigos, con la gente que ha estado desde el inicio, con la vida en general.

Entran en conflicto porque uno está desapareciendo en manos del otro, el mundo rural y el mundo urbano, lo global y lo local, lo nuevo y lo viejo. Creo que estas dicotomías son constantes en el sentir del boliviano, sin importar la región de la que venga.”
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