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Bertolt Brecht 2023: Luces y sombras

Actualizado: 1 dic 2023

El Festival Bertolt Brecht celebró sus bodas de plata con seis días de actividad teatral, cerrando una saturada agenda escénica en Cochabamba. Crónica y crítica de uno de los eventos escénicos más importantes del país.



Seis puestas en escena fueron parte de la 25 versión de uno de los festivales de teatro más sólidos del país, organizado por el Instituto Cultural Boliviano Alemán (ICBA). Una obra de Santa Cruz: Ivi Maraëi, cuatro de La Paz: Antígona, De brujos y artilugios, El coleccionador de pájaros y Recuerdos del presente; y una de Cochabamba: Tres centavos para Polly Quispe.

 

Las tres primeras obras tuvieron como escenario la Alianza Francesa. Ivi Maraëi, de Akaraku Teatro (Santa Cruz) inauguró el festival con una puesta en escena atrayente que utilizó acertadamente máscaras y títeres que fueron cobrando vida junto a la expresión corporal de las actrices para contar una historia sensible. Antígona, de Mimesis Teatro y Teatro Feroz (La Paz) se presentó́ el 11 de noviembre; se trata de una puesta en escena muy visual e inquietante que sumerge al espectador, con el buen manejo de la música y de las imágenes proyectadas, en un mundo incómodo y estresante cumpliendo así́ el objetivo de la obra. El 12 de noviembre De brujos y artilugios, de Teatro Grito (La Paz), fue un buen respiro dentro del festival, siendo una obra ligera, clara y entretenida, apta para todo público.

 

La segunda parte del festival se realizó́ en Martadero. Arrancó el 17 de noviembre con Tres centavos para Polly Quispe (Cochabamba), una adaptación de La ópera de los tres centavos, de Bertolt Brecht, resultado de un taller actoral que nació́ de la anterior versión del festival. Es de resaltar esta innovación en el evento, un proyecto que Ariel Hurtado, organizador de esta versión, indica que se replicará y espera sea una constante en el festival.

 

El 18 de noviembre, Mosaico Colectivo (La Paz) presentó El coleccionador de pájaros, un monólogo que toca temas íntimos y emotivos enfocados en la soledad, con una sencilla puesta en escena y una actuación por momentos plana de Jorge Barrón. El cierre del festival estuvo a cargo de Sharon Mercado (La Paz) con su performance Recuerdos del presente, una pieza colorida y dinámica inspirada en la ch’alla, la cumbia y la fiesta. La música se conecta bien con las ideas creativas que desmenuzan nuestra identidad musical, danzante y fiestera, que surge en torno a la cultura alcohólica tradicional. La interpretación de Sharon Mercado fue muy personal y honesta, aunque, por trechos, repetitiva.

 


Baja asistencia de público

 

Estos últimos dos meses seis festivales escénicos han tomado sorpresivamente la Llajta, una cantidad inusual de eventos teatrales que, por un lado, muestran un despertar alentador, aunque desvelan algo que no deja de ser incoherente y desafortunado por la forma como fueron programados en solo 60 días.

 

Cochabamba tiene la particularidad de contar con una comunidad de artistas y gestores culturales que desarrolla su trabajo en burbujas que los aíslan de los otros, o al menos eso parece. Da la impresión de que la comunicación y el buen entendimiento de la actriz o actor cochabambino es muy protocolar y reservada, que claramente hay ausencia de encuentros de confraternización o planificación de proyectos. Parte de esta realidad generó estos desaciertos en la gestión cultural este año, ocasionando que se fraccione al público y se afecte el bolsillo de las y los consumidores del teatro.

 

Si la comunicación entre artistas mejora, tal vez para los próximos años tendríamos seis o más festivales agendados estratégicamente en los 12 meses para que la acogida del público sea beneficiosa para todas y todos. Tal vez esto pase cuando entre artistas se comuniquen, coordinen y se apoyen para garantizar el éxito de cada uno de los eventos. Posiblemente existiría así una competencia enriquecedora entre actores, directores, dramaturgos y gestores culturales por hacer cada vez más grande y trascendental su festival, su obra o su interpretación.

 

En medio de tanto “tal vez” el Bertolt Brecht, sin duda, fue uno de los más afectados por esta incomunicación, ya que cerró esta cadena de eventos escénicos, teniendo varias presentaciones con poco público en sus bodas de plata. El cierre del festival, con menos de 20 personas, fue desalentador para uno de los eventos teatrales más consolidados a nivel nacional.

 

Es sabido que el Premio Peter Travesí y el Bertolt Brecht tienen fechas, por lo general, regulares cada año, la pregunta entonces es: ¿porqué los otros cuatro eventos teatrales programaron su realización en medio de estos?

 

Pese a todo, el Festival Bertolt Brecht se realizó́ con normalidad y fue fiel a su identidad: traer a Cochabamba obras arriesgadas que juegan con la psiquis del espectador, obligándolo a repensar lo que está viendo y sacar sus propias conclusiones.


 

Fotos: Eva Peredo

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