Tormenta alucinada. Seis poemas de Hugo Francisco Rivella


Tormenta alucinada

a Gonzalo Rojas

Mi padre llega atravesando el río,

las mariposas verdes de la noche deslucen su cabeza.

Desde la orilla grita mi madre y un trueno zamarrea la boca del relámpago.

Todo parece quieto y a la vez, todo gira en un hueco de lechuzas y peces,

jabalíes desdentados, ramajes y abanicos y toros sin cabeza.

Me cuelgo del hilito de luz que alumbra el patio.

Sus ojos maldecidos estrujan el paisaje.

Destellando,

amagando llegar viene mi padre.


La tormenta se duerme en mis brazos pequeños,

y yo

me duermo en los brazos de mi madre que llora.


El caballo de mi padre llega solo

ya no pesa su sombra sobre el lomo.


Mar y tiempo


El mar dejó sobre la playa una moneda que tiene adentro un barco que se hunde,

y tiene,

rocas de forma indefinida como el tiempo sin límites del hombre.

Se deshuesa en mi cuerpo,

deambula por mis párpados,

sale a hablar del crepúsculo con los viejos marinos

que beben su corazón a cada trago.


Danza en las olas como el sueño de un caballo herido.


Poesía

a Euler Granda


Al final de cuentas

la única,

la desmembradora, la amada, la infiel,

la que una noche me estranguló las piernas,

la que husmea, la desoladora, la reina del cabaret, la mandrágora,

la corrupta es ésta,

la única,

albergadora de cuánto peregrino tocara sus puertas,

la insaciable,

la inencontrable,

la desvirgadota,

la piedra en el zapato, la puta y gozadora, la sedienta, la acosadora,

la que te agüita clara,

la acechadora, la que vierte su sangre,

que ríe a las carcajadas,

que promete y se oculta,

que se adhiere al corazón,

que te mastica,

que se asoma y esconde,


que si te encuentra dormido te traspasa.


El patio de mi infancia

a Hilda y la Maña

En el patio, el otoño ha besado a mi infancia;

si atardece, no es tiempo de dormir

porque hay entre los muros fantasmas

y sonidos que fueron de la lluvia y ahora son de la muerte.


No habré de recordarme subido a los naranjos

ni rayando en la tierra un columpio de soles;

no puedo demorarme en la nieve que baja de los ojos de mi madre;

ella puede tocarme con su largo silencio,

amasar otra vez muñecos de melaza


y tararear mi nombre con su voz despintada.


A mar abierto


Llevo el escándalo de una tristeza de mamut adentro,

la boca enferma de putear poetas,

de blasfemar al cura con el sexo tullido y soportar el peso de un cristo abandonado.

¿Qué palabra me aguarda cada noche?

El sibarita, el rengo de mirar tatuado,

los labios sin destino de la mujer quebrada,

el vagamundo de sueños retorcidos, el gesto sin piedad del asesino.


Tengo el fracaso a flor de piel,

lo que antes era secreto hoy lo luzco en el pecho.


Carta de un moribundo sin estrellas

por Rilke y sus fantasmas

Poeta, escribe,

no tengas miedo al fracaso,

vomita junto a Bukowski o tiende tus flores rotas con Enrique Molina,

únete a la deriva de Olga Orozco y bebe del putrefacto vino de Bustriazo.

No temas, no te alteres, no mendigues.

No gimas como Cristo.

Escupe como Judas.

Sal a beber el mar con sus astillas,

las ballenas azules de Jonás,

las palmeras, los dulces bananales, la isla con sus pájaros exóticos.

Bébelo como Shelley cuando las tempestades

o húndete en la sombra de Alfonsina desnuda.


Párate frente al mar hasta que tiemble su corazón de pájaro.


Poeta no esperes al poema en el altillo,

salid a buscarlo por todos los rincones,

no lo dejes huir ni sollozar,

tómalo de la primera letra que te ofrezca, exprímele los sesos.

No lo esperes sentado como se espera a una mujer lejana.

Amigo,

escribe con todo el Universo bajo el pie,

que chillen las luciérnagas y los tigres no puedan sostenerte la mirada,

que el crítico de estilo emigre a otros planetas,

y tu lengua,

húmeda y secreta,

lama el cuerpo del amado y sus rosas.


Escribe hasta que la eternidad te pida perdón de rodillas.

Hugo Francisco Rivella

Nació en Rosario de la Frontera, Salta, en septiembre de 1948. De una vasta obra poética y musical. Dio numerosos recitales poéticos- musicales, organizó el Encuentro Nacional de Poetas con la Gente de Cosquín, Argentina y fue jurado de certámenes nacionales e internacionales de poesía. Ha compuesto canciones con Carmen Guzmán, Ramón Navarro, Alberto Oviedo, Ica Novo, Chato Díaz, Mario Díaz, Ernesto Romero, Rubén Cruz, Diego Massimini. Participó en eventos como el V Encuentro Internacional de Poesía Cali (Colombia), Festival Internacional de Poesía de La Habana (2012), Encuentro Internacional de Poesía Paralelo Cero 2013-14 (Ecuador), Encuentro Internacional de Poesía Artistas del Acero Concepción (Chile) 2013, Feria Internacional de Guadalajara 2014, Festival de La Palabra, Río Sucio (2016), Festival de Poesía de Medellín (2017), Encuentro Internacional Chañaral (2017).


Algunos de sus libros son: Caballos en la lluvia (2003), La hora del relámpago (2016), Las yeguas y las rosas (2016), La canción del cosmonauta ebrio (2018), El caleidoscopio del sufriente (2018).


Recibió, entre otros, los siguientes premios: Primer Premio Poesía, Universidad Nacional de Córdoba (1977), Primer Premio Poesía, Juegos Florales Centroamericanos y de Panamá (1984), Premio Fondo Nacional de las Artes, Fomento (2001), Primer Premio Poesía “Poema ilustrado” Jorge Barón Biza (2002) y Primer Premio Poesía Concurso Internacional Poesía Paralelo Cero (2016).


Fotografía de Pascual Borzelli

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