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Juntxs somos algo mejor, para el bien y para el mal


Masochistics (tratado cotidiano)

César Antezana Lima / Flavia Lima

Plural Ediciones, 2018, La Paz


Comenzamos por los cuerpos restregados en el aullido desbarrancado del dolor y la pasión, y que aún se dan la pretensión de soñar con reconocerse, recomponerse en la reminiscencia del “ardor antiguo” y “su falta de palabras” para definir lo que se contiene y quiere atravesar la piel, el sexo, el género y la indefinición; el ardor interno que apenas podemos exhalar en orgasmos, arrasando pliegues y contornos de nuestra relación / lamentación / laceración con el masochistics, que día a día, con la dedicación doméstica de mover el polvo, tender camas y resonar cacerolas en el interior de la habitación / cuerpo nos recibe diciendo: “me destienden la cama, se aproximan descalzos, toman tijeras y descosen de mi cuerpo las marcas que me identifican contigo”.


Se trata de la primera sección del libro denominada “Preludio”, un largo y pausado poema que nos adelanta algo así como a la escena postcréditos de estos textos que parecen hablarnos del trajinar de un cuerpo polifónico / polimórfico / polisexual entregado a la rutina de dar carne y fluidos de la pasión, a la bestia del amante, a esa otra forma de amor que deja cicatrices y ganas de venganza; y que la escritora, anarquista, feminista queer y gestora cultural boliviana, César Antezana Lima, ha descompuesto con “la sensación de algo siempre cayéndose a pedacitos / de no tener nada resuelto”, a lo largo de los 41 suculentos poemas que nos ofrece en Masochistics (Tratado cotidiano), trabajo que mereció el Premio Nacional de Poesía Yolanda Bedregal 2017.


Salidos del preludio, la presencia voyerista de nuestra mirada lectora reposa fisgona ante el glory hole para seguir en la visión de esta aparente bitácora de una (¿solo una?) relación de sórdida y sadotóxica dependencia que continúa con “Habitación compartida”, capítulo donde la autora nos envuelve en el reflejo de la oscuridad que inútilmente intenta esconderse bajo el sueño y las sábanas de las palabras cuando despiertas y encuentras rastros físicos de la pesadilla al asomarte a la ventana junto a la voz susurrando en el poema “Deseo”: “retazos del día disimulan mis llagas / ligeramente sonrosadas”: luego que la serpiente te ha dejado su retorcida piel sobre la cama, como se enuncia en “Intensidad”, texto que abre este conjunto de 35 poemas cortos aunque extensos en su expresiva sensualidad, sexualidad y cadencia.

Esta habitación también puede ser un cuerpo. Este cuerpo puede ser primera, segunda y tercera persona; plural. Y vamos al desborde del ser, sedientos de miedo y claustrofobia a la cárcel que también es libertad, al cuerpo que hay que domesticar y adiestrar con la rutina de las personas destinadas a una vida atroz; al cuerpo en cautiverio que se desangra en el poema “Amanecer”, al que se le obliga a hacerse del lenguaje para responder preguntas y describirse íntimamente al lector, “a pesar de mi vocación de silencio / a pesar de mis secretos / no obstante mis ruegos y lágrimas”, como versa en “Tristeza”; ofreciéndose al lente pornográfico HD en “Nostalgia” y al “dios satánico y caprichoso que se hartó de pronto de manosearme a su gusto y voluntad”, que nos escribe en “Odio”.


La excitación es el sol de nuestra corporalidad masochistics, el resto no significa nada; el gemido es la mercancía y el exceso la divisa. La palabra amor no significa nada en nuestro petit noir postporn film, pensamos cuando la voz afelpada nos dice en el poema “Sonidos”: “una fruta desconocida / se atora en mi garganta / justo cuando iba a decirte te amo”, y escuchamos: “otra vez el rito aletargado / de esta vida insatisfecha / que describes violento en mi cuerpo / con los golpes de tu cadera”, en “Incrustaciones”, para luego pedirnos “una bofetada que me deje boquiabierta / pero esta vez hazlo bien / que quiero acariciar el ardor hasta después del mediodía”, en el poema “Vestimentas”.


La faena amatoria está por terminar y las lágrimas cubren el lecho matadero con la inmundicia empozada en el interior de nuestro masochistics en los poemas “Destino” y “Mañana”, con los que parece reiniciarse el doméstico ritual de limpieza que se extiende hasta “Mantra”, texto que concluye esta penúltima sección del libro y que desnuda la punta de su venganza al confesarnos: “hago de cuenta que me quieres / que escuchamos esta canción porque me quieres”; nos espeta la realidad del juego mientras ordena la casa esperando el regreso del amante, espetando la sentencia: “entonces soy yo la que finge quererte / pero con más valentía / y dedicación / con apetito caníbal y sincero distanciamiento”.


“Epílogos” agrupa cinco poemas finales donde la culpa, el deseo, el miedo y el vacío se presentan en versos que parecen reafirmar con brillante oscuridad la densidad erótica y sexual, y placenteramente asfixiante, de este diario de dolor orgásmico que jadea resonante a través de la piel y que torna emblemático este proyecto de Antezana Lima, quien además es activista del espacio político / trans / cultural Almatostre y coorganizadora en su país de la Feria del libro independiente y autogestionado, así como del Festival Sudaka, marica, machorra, trava, queer.


* Rafael Antonio García Godos Salazar

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