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Aliento de la tierra

Dueña de un trabajo impecable y constantemente propositivo y cuestionador de los paradigmas etnográficos, Elvira Espejo, artista textil, poeta y cantora, es uno de los puntales de la cultura boliviana actual. Esta charla se centra en su faceta de directora del Museo de Etnografía y Folklore (Musef).

- ¿En qué consisten las innovaciones museológicas y museográficas del Musef? - Todo parte de estudiar lo que se tiene en el museo, que cuenta actualmente con más de 33.000 bienes culturales. Para mí ha sido bien importante entender la dinámica en museología y museografía, en términos de conservación, preservación y difusión. Muchas veces los museos siguen una línea de composición cronológica o siguen la línea de la belleza superficial: el objeto bonito, lo bello, lo elegante, es el estallido del ojo lo que tiene que funcionar. En ese sentido hemos venido trabajando un debate desde la praxis y la academia: el objeto bello, superficial no solo tiene que ver con lo bonito sino con una ciencia y tecnología.


Esto me parece un autocuestionador muy importante desde la praxis y por esa razón nos acercamos a la materia prima que es la ciencia y la tecnología. En estos últimos tiempos estamos incluso debatiendo las “crianzas mutuas” de la materia prima, de los animales y las plantas y gracias a eso pasamos a la obtención de la materia prima, al tratamiento, a la elaboración del bien cultural, y de allí a la variedad de los bienes culturales en términos arqueológicos, históricos y etnográficos, y, finalmente, la vida social, la interacción social. Esta dinámica le hace cuestionarse al museo: ¿qué tipo de colección tenemos? Y por supuesto que la colección estaba focalizada en el bien cultural “bonito”, bien conservado, y no se preocupaba por la variedad de las materias primas, que ha sido muy importante para nosotros. Así que tuvimos que trabajar con las productoras de distintas regiones, visitar las comunidades, conversar y completar los “huecos” grandes. La academia todavía tiene ciertas dudas porque estábamos acostumbrados a la descripción.


- ¿Y cuáles son las innovaciones en términos de lenguajes y poética?

- Eso tiene que ver con la vida social, la interacción social, y ha sido muy importante verlo desde la oralitura. Muchas veces la gente ve los textos desde la terminología griega, de esta pasa al eurocentrismo anglosajón y eso pasa automáticamente a América. Pero nosotros comenzamos a debatir cómo se entiende la poética desde nuestras lenguas: aymara, quechua, guaraní, uru-chipaya… Bolivia es un Estado Plurinacional, tenemos comunidades, 36 lenguas originarias, y es muy difícil tener todos los detalles de cada lengua.


Y la poética tiene que ver con el movimiento del cuerpo, con el espacio, con lo cantado, con la conexión hacia los agradecimientos. En las comunidades es común la poética [dedicada] al viento, al fuego, a la tierra, al agua, como seres mayores que nos cuidan para tener una mejor vida. Entonces realmente ha sido muy lindo, quizás es un tema intracultural para poder entendernos e incluso proponer al mundo desde la oralitura y no solamente quedarnos con los textos. Eso está sucediendo bastante en África, Asia, India, y nos muestra otras formas de lectura. Entonces, creo que ha sido muy importante esta producción porque ayuda a renovar los pensamientos, a replantear y no quedarnos en los textos como en los años 60, 70 y 80.

- ¿Cómo dialogan las muestras del Musef con las nuevas tecnologías?

- Nosotros tuvimos que “saltar” a la tecnología, con esta dificultad de la pandemia. Nos adaptamos, nos ha dado la oportunidad de tener todas nuestras salas escaneadas en 360 grados, con todas las informaciones pertinentes, como la introducción de la exposición que está en aymara y castellano, y también hemos hecho videos cortos de nuestras salas para poder tener cierta precisión en la visualización de ciertos bienes.


Eso ha sido muy contundente porque estamos comunicando en un lenguaje tecnológico directo no solo para Bolivia sino para el mundo. Nos han seguido mucho en Chile, Argentina, México, Colombia, y ahora estamos entrando a Europa. He estado recién en Alemania y están muy felices con este nuevo replanteamiento. También hemos hecho el escaneo de nuestros bienes culturales, es un trabajo complicado, pero el equipo del Musef ya lo ha hecho y tenemos más de 40 piezas ya digitalizadas, y cada año iremos agregando poco a poco.


- ¿Considera que hay una museología o museografía propia regional, boliviana?

- Me animo a decir que sí. Ni siquiera es mi voz, es una voz latinoamericana. Nosotros hemos dictado clases de diplomado en museología y museografía para Chile y Colombia, y eso habla mucho porque ya estamos enseñando. Antes en el MUSEF se preocupaban por irse fuera del país y entrenarse, pero ahora estamos innovando esta profesionalización y además se ha actualizado con las tendencias académicas. Mi exigencia ha sido esa. A mí me gusta mucho la lectura internacional y por supuesto también la praxis con la comunidad, porque los bienes provienen de la comunidad, entonces como hablo aymara y quechua tengo esa facilidad de poder proyectar desde la praxis y la teoría y eso nos ha ayudado a volar de gran manera. Hemos generado esta nueva museografía en términos educativos como una propuesta nueva que incluso le ayuda a la misma sociedad a repensarse. Creo que hay muchos museos que están en esa línea de repensarse como país, como cultura, como identidad desde sus propios pueblos y eso me parece muy inspirador.

Fotografías: Tania Prado


Kirki Qhañi, poética de la oralitura


No se podía desaprovechar la ocasión de hablar con Espejo sobre su faceta poética, pues hace pocas semanas presentó su poemario Kirki Qhañi, del cual aquí comparte algunas claves.


“Es un trabajo de largo aliento. No ha sido de la noche a la mañana. A mí me gusta mucho la investigación que se madura a lo largo del tiempo. Yo conocí ciertos fragmentos de estos cantos que hoy en día están desaparecidos, pero la conversación plena con mi abuela ha sido muy importante. Ella siempre habló de diferentes acciones de la poética en diferentes tiempos, espacios, y creo que eso lo tenía muy bien guardado en apuntes o en fragmentos de audio. Entonces, me ayudó. Incluso ahí en la introducción lo cuento porque ella habla de su bisabuela Marina Pumala, eso es bien interesante porque estamos retrocediendo como 300 años atrás y ahí la narrativa ayuda a entender la dinámica del lenguaje de la región, de la comunidad, con el diálogo con el espacio. Ha sido muy interesante, creo que expresa toda esa poética de la oralitura que en muchos casos no hemos tenido. Hay poetas que se expresan en la lengua originaria, pero creo que no se ha hecho esa investigación profunda de acercarnos un poco a lo arqueológico. Ha sido un trabajo arduo y creo que mucha gente lo recibió de forma muy positiva. Estamos haciendo notar nuestras voces propias y eso hace que las voces latinoamericanas se puedan ver desde otros puntos de vista. Estoy muy feliz de los logros. Y ojalá sigamos trabajando siempre en esa dimensión”.

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