La comida de nuestros abuelos

Actualizado: 8 oct

Melvy Mojica es la activa cabeza y vocera de la organización de la Ñawpa Manka Mikhuna, una jornada sociocultural basada en la recuperación de la gastronomía tradicional y saludable de los valles cochabambinos, que se realiza periódicamente en la Llajta. En esta charla con La Trini habla sobre las implicaciones ideológicas de la alimentación y la amenaza del municipio cochabambino al patrimonio intangible.


- ¿Cuándo y cómo nace la Ñawpa Manka Mikhuna?

- La Ñawpa Manka Mikhuna (una traducción aproximada es “la comida de nuestros abuelos”) data de 1976, cuando éramos universitarios y hacíamos una proyección comunitaria en comunidades del Valle Alto de Cochabamba, con una mirada enfocada en las necesidades de infraestructura. Cuando estábamos en las comunidades –los domingos, los feriados, muchas vacaciones– teníamos una convivencia existencial.


Mi esposo siempre decía que, desde la visión andina, cuando uno extiende la mano para pedir ayuda pierde su esencia. Él decía que el campesino tiene que ser el actor directo de su liberación, de su mejoramiento de calidad de vida, porque si le damos como dádiva es atentar contra su dignidad humana.


En ese tiempo se dio una fuerte migración de los varones a Argentina de donde volvían con otras costumbres alimenticias. Entonces la preocupación de las abuelas era: “ahora ya no quieren comer lawas, tostados”; era muy triste para ellas, y de esa manera nos empezamos a enfocar en la recuperación de los hábitos alimenticios, además de los productos del mundo andino, porque este era un programa con visión holística. Se hablaba de la recuperación de valores de la cosmovisión andina en sus diferentes facetas, como la consideración de la vida y la muerte. Desde esa perspectiva se empezó a enfrentar los cambios alimenticios.


Así surgió la Ñawpa Manka Mikhuna. Al principio se hacía con las familias de la comunidad de La Loma, pero las abuelas tenían un poco de temor, no querían hablar mucho de la forma en que se alimentaban. Entonces se empezó a trabajar de manera intercomunitaria; entre varias comunidades hacíamos el ejercicio de recuperar hábitos, formas de preparar alimentos, hasta que nos animamos a hacer una convocatoria pública dirigida a gente de la ciudad. Así se hizo la primera jornada que tuvo tanto éxito y se posicionó de tal forma que atraía a mucha gente en una comunidad campesina pequeña, que no tenía mucha infraestructura.


- ¿Y cómo empezó a replicarse en la ciudad? ¿Con qué enfoques o innovaciones se hacen las jornadas en el ámbito urbano?

- Sí. La ciudad está estructurada por familias que provienen del campo, y ellos pidieron trasladar una versión de la jornada a Cercado. De esa manera, como un homenaje al bicentenario de Cochabamba, en 2010 se organizó la primera Ñawpa Manka Mikhuna en versión urbana, que tuvo mucho éxito. Con el tiempo llegamos a tener hasta 8.000 comensales.


Después de la muerte de mi esposo, (el profesor Wilfredo Camacho, fallecido el 2016) con mi hijo retomamos la actividad, pero la reformulamos a partir de la reflexión de que había crecido demasiado y nos estábamos alejando de los principios, de la esencia del evento, porque teníamos que cocinar en ollas grandes y ya no se podía trabajar solo con insumos ecológicos. La idea es seguir preparando con calidad, pero en menor cantidad.


Después de la crisis de la pandemia, nuestra atención está fijada en los niños y jóvenes. La Ñawpa Manka Mikhuna nació con la visión de convocar a la familia, pero con la globalización se alejó a los niños y jóvenes de esta alimentación saludable. Ahora estamos enfocados en trabajar con ellos para que conozcan las tradiciones. Tenemos un programa, “Ch’itis en acción”, en el que recuperamos los juegos.


También tenemos música. Nos acompaña Aires de mi Tierra, con Alfredo Coca y Carlos Vargas, que recuperan y fortalecen la idea de poesía hecha música, y están alegrando a la gente que participa en la jornada.


- ¿Quiénes organizan la Ñawpa Manka Mikhuna?

- Lo interesante es que somos un colectivo autogestionario. Toda la logística sale del bolsillo de las señoras. Ellas ponen una cuota, después de hacer las cotizaciones de la música, sonido, las licencias y los otros gastos. No somos una ONG, no somos una fundación, nunca hemos recibido apoyo ni de la gobernación ni del municipio. Ahora ya somos solo cinco y así vamos subsistiendo, contra viento y marea.

- ¿Cuáles son los platos y productos que rescatan?

- Fundamentalmente estamos rescatando la quinua. Hemos empezado a hacer desde las medidas para el recetario de las abuelas. Ellas nunca hablan de taza, de libras… ellas dicen: “hasta la mitad del dedo” [N. d. E.: medida dada por la porción del dedo introducido en el costal de granos], entonces nos hemos dado ese trabajo de elaborar, junto con las abuelas, una especie de recetarios para que se puedan hacer las phisaras o kispiñas, por ejemplo. Cuando empezamos a hacer esta recuperación no había todavía la quinua procesada, teníamos que aprender a lavar la quinua, a separar las piedritas, a decantar, a darle una pasadita suave por el batán.


Hemos recuperado también los chuñu pejtus, las sajtas de papalisa, pero lo fundamental en la elaboración del menú, es que respetamos los tiempos de producción. Hoy, por ejemplo, no prepararíamos una jakalawa porque es un plato de febrero, cuando el choclo recién se cosecha. La visión holística nos permite eso: respetar a la Pachamama en sus tiempos de producción. Y tenemos insumos que son ecológicos, no producidos con químicos; en su trasformación no se utilizan conservantes o saborizantes. Tampoco usamos la técnica de freír: todo es hervido, o watía. Esa es la forma de lograr una alimentación saludable.


- Se está realizando otra feria, paralela, con el mismo nombre, ¿qué nos puedes decir al respecto?

- Realmente es algo que nos sorprende. En 2015 la Ñawpa Manka Mikhuna fue nombrada Patrimonio Cultural Intangible del municipio de Cochabamba, pero resulta que ahora, no sabemos cómo ni porqué, lanzan una convocatoria para una feria. La diferencia es que nosotros hacemos una jornada sociocultural y pedagógica. Eso es así desde que hemos nacido, siempre hemos tenido puntos educativos, hemos sido uno de los primeros colectivos en hacer, por ejemplo, la cocina en vivo, los concursos de llajuas, tostados, motes, etc.; la actividad está posicionada con esos fundamentos.


Y ahora lanzan una convocatoria a una feria con el logo del gobierno municipal de Cochabamba, de la Unesco, de las ciudades creativas… todo esto me sorprende: ¿cómo un municipio puede destruir su propio patrimonio? En su afiche sale un puchero en primer plano, es una tergiversación total del concepto de Ñawpa Manka Mikhuna, que no es solamente un nombre, sino un contenido filosófico de la cosmovisión andina. Que ellos quieran copiar es algo inaudito, están destruyendo todo el esfuerzo que nosotros hacemos por enseñar a los niños y a los mayores a que reconozcan como un patrimonio toda esa biodiversidad y la alimentación saludable. Mientras ellos muestran platos eminentemente coloniales, republicanos, que obviamente tienen su valor, pero que nada tienen que ver con nuestra visión.


- ¿Cuándo será la próxima jornada?

- En noviembre será la jornada del mast’aku y la wallunk’a nativa. No se puede entender la vida sin comprender y respetar la muerte. Ahí recuperamos ese ritual de la cosmovisión andina, de dignificar la vida y la muerte, sin temor. Mi esposo decía: “la muerte es un grito a la vida”. Desde muy niños nos hacen sufrir con la idea de la muerte. Nosotros queremos liberar a la gente de ese sentimiento de pesar.


“Tenemos insumos que son ecológicos, no producidos con químicos, sin conservantes o saborizantes. Tampoco usamos la técnica de freír: todo es hervido, o watía. Esa es la forma de lograr una alimentación saludable."

Fotos: Lourdes Saavedra - ÑWM

122 visualizaciones0 comentarios

Entradas Recientes

Ver todo