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Tonada febril de los años

Actualizado: hace 1 día

El poeta y músico venezolano Juan Lebrun ha sido anunciado como el ganador del I Premio Internacional de Poesía Joven Ida Gramcko, convocado por LP5 (Lxs Poetas del 5). Su poemario ganador, El libro de las improvisaciones, será publicado el próximo septiembre. Aquí un adelanto.



a Juampe y papá

 

 

Junto a la ciénaga

ríen los tumbos de la vida

como trompo

en las vías del hoyo.

 

Se recuestan de un árbol

y miran perdidamente

los relojes.

 

Su ausencia es cortada

con la lanza de las rejas.

Lloran con la maleza y el cemento.

 

Los tumbos de la vida

son el zamuro buscando su carroña,

y los Vallejos que se elevan sobre el puente.

 

Son las brozas cayendo

en las tierras más baldías.

 

Son el moho carcomiendo

los troncos y los suelos,

la brisa, la calima, los pulmones de piedra.

 

Las cadenas sobre el cuello

llevándonos a morir.

Postrados en cama

vapuleándose en la orilla

y los costales                 limándose

son los tumbos de la vida más recientes.

 

Está mi padre echado en cama.

Mi hermano, enfermo.

Mi madre y yo estamos sanos.

Quisiera darles mi cuerpo.

 

 


a Andrea Leal

 

 

El mundo hace a mi cráneo resonancia

con las hojas vacías de la hoyada.

Clamores de niña bajo el suelo desierto

se componen del roble en sus tiempos de cielo.

 

Ávidos niños, con calma, decían

que el zamuro se arrima a paredes de cales.

 

Río.

 

Los muertos bajo el son del clavillo,

la escalera oxidada y los tubos de plástico

son ahora átomos.

 

Y se roció, con el trote, el multifónico perdido,

el silencio interválico,

el silencio de fruta,

el silencio silencio.

 


a Clara de Lima

 

 

Las hojas mueven el lienzo de la tierra.

 

Los mangos ya saludan a las moscas.

 

Suenan las chicharras.

 

Los zancudos brotan por los aires.

Las raíces de los árboles se extienden al verso.

 

Las canastas vacías de la boca

espontáneas reposan en la brisa.

 

 

Tonada febril de los años.

Silencio.

Ojal de espacio extenso.

 

Roble albino de la estación.

 

En la arena, el albañil es el viento.

Las fuentes de tronco con ocho cabezas

crean estos nidos de fiambres.

Las nubes se concentran

y llueven

sobre las muertes del muro.

 


a Carlos Katan

 

 

Salgo a los ramos de la noche

con el soplo de las hojas.

 

Los aviones sonoros

dan la hora.

 

Al canto contemporáneo de luna

se acerca el artificio.

Con el tiempo y la rutina,

se vuelve natural.

 

Las partes del poema que se van

con el viento de esta noche

son salvadas de la quema.

 

El caldo agoniza en movimiento

con el silencio trovador de las estrellas

y la luna en cuclillas sobre el carro.

 

El verdor de las casas escondidas

lleva, en su raro decir, una pérdida.

 

Y los murciélagos con el hijo medio muerto

(los padres también muertos),

salen a esta hora por las frutas.

 

Las guacamayas ya se fueron de las palmas

y, en parejas africanas, revolvieron el espacio.

Esta noche se abastece en el tiempo.

Se transforman las raíces abisales del residuo,

            lo que queda

                        el sedimento

                                   decantado

                                               del pensar.

 

Las oleadas irascibles de calor,

la humedad intempestiva de las flores.

 

El cuervo de la duda,

la petrificación de los ídolos.

 

La canción de piel-orquídea,

los colmillos del jabalí,

y el hambre del pájaro.

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