Patapila Beat, música a pulmón

Con corta historia, pero con la suma de la trayectoria y calidad de sus músicos y el carisma del armonicista Juan Patapila, la banda kochala se abre senda en los escenarios bolivianos y estrena un nuevo video

- ¿Cuándo y cómo nace Patapila Beat?

- Nace en octubre del año pasado. Yo había movido el nombre de Juan Patapila unos años antes, tocando armónica como invitado o conformando bandas efímeras con amigos músicos para hacer shows en diferentes bares de Cochabamba, La Paz y Santa Cruz. Se trataba de tocar standards de swing, manouche y blues, así es que había mucho para solear e improvisar, mucho para compartir y foguearse con gente talentosa e inspiradora. Pero no fue hasta el año pasado que la suma de mi experiencia en escenarios y mis estudios de armónica con Mariano Massolo dieron pie a que pueda juntarme con músicos únicos que admiro y escuché durante muchos años y que le dan la impronta al sonido de Patapila Beat.


- ¿Cuál es el concepto musical y repertorio de la banda?, ¿quiénes conforman la banda actualmente?

- El concepto musical es “desgenerado”, como dice Kevin Johansen, y estamos abiertos a cualquier idea que nos conmueva. A principios de este año empecé a grabar algunas ideas en mi pedal de loop con progresiones de post-punk, hip hop y reggae para mezclarlas con melodías de folklore y cumbia. El bucle me permitió trabajar la letra y el fraseo “armoniquero” que después compartí con Juan Ernesto Saavedra, un capo que aterrizó las primeras composiciones.


Después, ya con ensayos y conciertos todas las semanas, empezamos a componer más temas y hacer otros arreglos en una suma de ideas y aportes de todos los integrantes. El repertorio es muy variado y eso se debe, creo yo, a las ganas de no repetirnos. Tocamos hip hop, reggae, punk, cumbia, swing, blues, soul, funk y es que el trasfondo de cada uno es diferente. La creatividad sobra en esta banda y en realidad suena a “los mejores animales de su especie”. Está conformada por Ozzy Mutante en la batería, pad y controlador; Juan Ernesto Saavedra en el bajo; David Diendorfer en la guitarra; Andrea Andrade en la voz y performance y Juan Patapila en armónica y voz.


- ¿Cómo ves el movimiento musical en Bolivia en general y en Cochabamba en particular?

- He sido consumidor de conciertos desde siempre y disfruto la variedad de música que hay en Bolivia y Cochabamba. Me refiero a bandas que hacen música propia, que quieren comunicar algo, que no se conforman con una fórmula y andan buscando darle una vuelta a su sonido. No hay nada como ver una banda que disfruta lo que hace y se lo cree. Pero hay que remarla y con la mayoría de los espacios acostumbrados a abrir sus puertas a bandas de covers, es complicado.


En Cochabamba, a pesar de la aldea que es, pasan cosas. El público en general está acostumbrado a música que puede corear y no anda pendiente de la escena local. Al menos de forma masiva.


El movimiento musical está bien segmentado. O haces música complaciente para asegurarte los quintos o te encierras en la pretensión de que tienes una propuesta importante pero que no pega en el pueblo, o juegas tus fichas sin sabotearte. Esto último creo que es lo que menos se hace cuando quieres vivir de la música en Cochabamba y seguro que en Bolivia también, pero en todo caso creo que la originalidad y la autenticidad está empezando a ser apreciada tanto por los músicos como por el público.


- ¿Cuáles son los planes de la banda para este año?

- Tenemos nuestra sesión de La Coperacha (proyecto artístico audiovisual colaborativo) estrenada recientemente y que vamos a empezar a presentar, la grabación de nuestro primer EP en septiembre, el festejo de nuestro primer año en octubre y una agenda cada vez más apretada de tocadas en Cochabamba y próximamente en La Paz y Santa Cruz.


Queremos seguir tocando juntos y si bien es frágil todo cuando se trata de ser consecuentes, tenemos una conexión y una química extraordinaria que es para llorar, y creo nos llevará a un oasis, a garronear unas vacaciones en Malibú o mínimo a hacer lo que siempre hemos querido: tocar todo el tiempo y vivir de la música.

“No hay nada como ver una banda que disfruta lo que hace y se lo cree. Pero hay que remarla y con la mayoría de los espacios acostumbrados a abrir sus puertas a bandas de covers, es complicado”.

Chequea el video de Patapila Beat, Ciudad Prometida


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