Hablemos de gastronomía, pero hablemos en serio

Actualizado: 15 abr

Visceral es el único blog en Bolivia dedicado al periodismo gastronómico. En él se puede leer reseñas, reportajes y crónicas a restaurantes, cocineras y sobre el ámbito alimentario y gastronómico nacional. Su autora inicia su colaboración periódica con La Trini, con un pantallazo acerca de la importancia de tener una agenda estable sobre la gastronomía boliviana.


Durante los últimos dos años ser periodista gastronómica pudo haberse visto casi como un acto de descaro, o una osada falta de empatía. Y es que los inmisericordes 2020 y 2021 dieron un revés tras otro que afectaron no solo el ámbito gastronómico a nivel global, sino también los hábitos y decisiones de la gente en torno a qué llevarse a la boca, dónde y cómo.


Hemos visto cómo cerraban locales y quebraron, en nuestras narices, diversas apuestas y emprendimientos logados a la comida. Hemos visto, de paso, cómo se perdió capital humano y, simultáneamente, cómo profesionales de otros rubros optaron por la cocina para buscar sustento económico ante la debacle generalizada del desempleo que vino de mano de la pandemia del COVID-19.


Sin embargo, aquí estoy: enalteciendo esta labor como necesaria este 2022. “Ahura es cuando, parienta”, me digo y no con pocos motivos. En su momento no cabía en el corazón ni en el cerebro la posibilidad de hacer una reseña de platillos en torno a cualquier oferta gastronómica; todo alrededor era un “sálvese quien pueda”. Entonces decidí abrir mi espacio periodístico para promocionar e impulsar ofertas restaurantiles o emprendimientos gastronómicos. Hoy y por fortuna, aunque la pandemia no acabó, vamos saliendo de la sombra de a poquito, aun con desconfianza, pero ya vemos algo de luz. Es hora de apoyarnos. Eso nos compromete también con el escenario culinario y gastronómico. Salir de casa, comer afuera, apoyar esas propuestas.


El periodismo gastronómico tiene –como no pasaba antes– la tarea no moral pero sí ética de resguardar el paladar y los bolsillos tan abatidos de los consumidores. Decir con claridad –hoy más que nunca– los platillos que fomentan el alimento nativo y a buen precio (costo/beneficio), y desenmascarar las propuestas recubiertas de impostura.


¿Qué hago en Visceral, periodismo gastronómico?

Escribo sobre gastronomía porque veo en ello una naturaleza transversal entre la historia individual y la de nuestro contexto general en un solo bocado. Hay en la comida, la cocina y los lugares donde acercarse a ellas, elementos que se vinculan directamente con nuestra economía; es muy común que no nos demos cuenta de algo: cuando comemos no solo consumimos comida, sino que estamos consumiendo la historia, lo social, lo político.


Y ahora el suplemento La Trini abre este espacio para que podamos desplegar reflexión y discusión sobre esta temática: la comida. Así que estaré interactuando desde estas páginas y, como bandera, mi blog de periodismo gastronómico, Visceral: www.marcearauz.blogspot.com.


Lo que yo hago desde mi blog –y que ahora compartiré como primicia cada 15 días en este espacio– son reportajes, críticas y crónicas periodísticas que buscan ofrecer descripciones precisas y evaluaciones de lugares y propuestas gastronómicas. Es así que visitaré lugares, ya sean restaurantes de alta cocina, locales de diversa especialidad, mercados, puestos de comida callejera… etc., con el fin de explorar y descubrir espacios donde el paladar puede ser feliz.


Estas páginas están abiertas a entidades e instituciones que quieran y puedan aportar al soporte de una agenda comprometida en relación a la gastronomía. Escriban. Cuestionen. Intercambiemos ideas. Apropiémonos de estas páginas que ofrece un medio a nivel nacional para hablar de cocinas, cocineras, patrimonio alimentario, sistemas alimentarios.


Quiero reafirmar esta declaración de intenciones, para que esta página de Visceral en La Trini no carezca de credibilidad: yo no hago publicidad encubierta a través del blog, eso es antiético. No hay nada de malo en marketear o comercializar a través de un espacio escrito o virtual; pero eso sí: yo no vendo “gato por liebre”. No le llamo “reseña” a aquello donde voy a hablar bien a favor de algo solo por una remuneración económica. Estoy en absoluto desacuerdo con aquellas personas que, con desvergüenza, ofrecen publicaciones a cambio de degustaciones, o comidas gratuitas sin aclarar que previamente se consensuó intercambio de servicios, publicidad, o invitaciones. Porque no hay nada de malo en esos consensos con los dueños de restaurantes o emprendedores, claro que no. Lo malo es la deshonestidad de no dar a conocer esas circunstancias.


La cosa es simple: si alguien me invita a probar su comida, o desea que escriba sobre su restaurante, lo hago gustosa enfatizando que mis juicios no se condicionan a esa petición. Ergo, así el morfe o el servicio me parezcan impresionantes o deplorables, lo voy a publicar tal cual… be sure of that!


Seré clara: me tiene sin cuidado que recuerdes mi nombre, yo lo que quiero es que recuerdes la comida. Yo lo que quiero es que recuerdes mis reseñas, no solo porque soy mejor cuando escribo que lo que en verdad soy (y no escribo bien... aún), sino porque soy honesta. Al fin y al cabo, el sabor es como el amor: o se siente o no se siente. Punto.


Lee el blog de Marcela Araúz: www.marcearauz.blogspot.com

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