Floriano Martins: “Este es un libro fundamental en mi poética más reciente”


El poeta, editor y traductor brasileño visitó por Bolivia por primera vez en ocasión del IX Encuentro Internacional de Poesía en la Ciudad de los Anillos, pero su relación con la literatura boliviana data de hace mucho tiempo. La Trini conversó con el autor de Las mujeres desaparecidas.


- ¿Cómo fue tu experiencia literaria y personal en el encuentro de poesía?


- La mejor posible y por varios motivos. Fue mi primera vez en el país, una deuda que tenía hace años, y ahora se hizo posible gracias a tan amable invitación. La presencia de los amigos, casi todos nuevos, caminar por la ciudad, la cerveza Huari, y sobre todo el haber conocido a la poeta/actriz/cantante Mariana Bredow, con quien una afinidad inmediata ya nos permite planear algunas complicidades en el campo de la música. El encuentro fue magnífico en su organización y nos ha dejado a todos muy tranquilos en nuestras presentaciones. Es algo fundamental que ya es parte de la tradición cultural de Santa Cruz de la Sierra y así debe permanecer. Ojalá en otras ediciones fuera posible organizar una antología con los poetas participantes, para que una parcela más grande de público tenga acceso a su poesía.


- ¿Cómo te acercaste a la poesía boliviana?


- Creo que gracias a la Antología de poesía hispanoamericana 1915-1980, organizada por el crítico español Jorge Rodríguez Padrón y que Espasa-Calpe publicó en 1984. Allí estaba el poeta Pedro Shimose y, gracias a mi entrañable correspondencia con Rodríguez Padrón, fue posible conocer otros nombres, incluso entrar en correspondencia con el mismo Shimose. Libros como este son fundamentales por lo que permiten una comparación entre autores de varios países, lo que es enriquecedor para el conocimiento de las tradiciones líricas. El crítico español, por ejemplo, habla en su antología de la “continua influencia” del surrealismo en las letras hispánicas, lo que me llevó a buscar nuevos nombres, incluso en Bolivia, pues de algún modo, por ejemplo, la poética visionaria de Jaime Saenz se emparenta con ciertas características del movimiento surrealista.


"Esta me parece la consideración más necesaria a ser hecha, la ausencia de una crítica comparativa entre la poesía hecha en Bolivia y su correspondiente en el mundo".

- ¿Qué consideraciones tienes para la poesía boliviana?


- He organizado una antología de la lírica boliviana en el siglo XX, libro que todavía no fue posible editar. Entre varias otras analogías buscadas en su estudio introductorio, me fue posible conocer Ordenar la danza: antología de poesía boliviana, de Mónica Velásquez Guzmán, libro publicado en Chile en 2004. Como digo en el prólogo de mi antología, “el estudio de Velásquez Guzmán es revelador de las consonancias entre poetas y generaciones, y es tal vez el ensayo más rico sobre esas relaciones internas de una tradición lírica. Al mismo tiempo, me parece un texto ajeno a lo que sucede más allá de la habitación privada de la lírica boliviana”. Esta me parece la consideración más necesaria a ser hecha, la ausencia de una crítica comparativa entre la poesía hecha en Bolivia y su correspondiente en el mundo. Siempre recuerdo en esas ocasiones lo que dijo Rubén Darío acerca de las lenguas: que aprender nuevos idiomas es la mejor manera de librarse de la tiranía de uno de ellos.

- En tu libro Las mujeres desaparecidas haces una crítica al sistema, al patriarcado y la invisibilización real y simbólica de la mujer, ¿cómo fue el proceso de escritura de este libro?


- Sabes que no creo mucho en la importancia de los procesos de creación, más allá del campo anecdótico, de modo que no pasan de chistes que alimentan la curiosidad ajena y el ego de sus protagonistas. De todos modos, este es un libro fundamental en mi poética más reciente, por su relación directa con un libro de ensayos sobre la presencia oculta de la mujer en el movimiento surrealista y una novela de la que participan solamente personajes femeninos. Es la oportunidad de comprender los daños culturales de la misoginia. La violencia es parte de la naturaleza humana, pero su exceso particularizando a la mujer es algo que tiene que ver más con la afirmación del poder que con el curso natural de esa naturaleza.

"Es la oportunidad de comprender los daños culturales de la misoginia".

Fotos: Pascual Borzelli Iglesias

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