Escribir para rearticular el lenguaje desde el extrañamiento

Conversamos con Magela Baudoin a propósito de su participación en el Benengeli 2022 que este año además de celebrar la lengua española, indaga en torno al realismo.

Al ser la realidad tan infinita como moldeable –piensa Magela Baudoin– el realismo es, desde ya, un proyecto imposible. “Y, por lo tanto, un espacio continuamente fértil para la literatura, es decir, para la imaginación”.


En otro momento de esta charla, afirma que “el (idioma) español es un río caudaloso y vivo, lleno de bifurcaciones, de corrientes internas, de rápidos, de zonas inexploradas”. Realismo y lenguaje. De eso conversamos con Baudoin a propósito de su participación en la Semana Internacional de las Letras en español “Benengeli 2022”, evento organizado por el Instituto Cervantes.


La escritora boliviana compartirá palestra con más de 40 escritores que entre el 6 y el 10 de este mes convergerán en conversatorios presenciales (en Sídney, Nueva Delhi, Toulouse, Dakar y Chicago) y virtuales. El realismo, así, a secas, sin mayores preconceptos o ejes temáticos guía, es el tema base en torno al cual debatirán, entre otros, Sergio Ramírez, Alfredo Bryce Echenique, Luisa Valenzuela, Rosa Montero, Katya Adaui y Fernanda Trías. La programación virtual de este encuentro está disponible en

https://cvc.cervantes.es/benengeli22/.


- A estas alturas, cuando la mayoría deja de lado ciertos encasillamientos que antes primaban en la literatura, y dados los avances en la sociedad y las tecnologías, ¿se puede concebir, describir el realismo igual que antes?

- No lo creo. Me pregunto, ¿a qué le podemos llamar realismo? ¿Al devenir, a la descendencia en el siglo XXI del movimiento estético literario del siglo XIX? o, de manera súper elemental, ¿al impulso –inútil por lo demás– de relatar la realidad “detallándola” tal cual es? ¿El realismo sería aquello que supuestamente no se “inventa”? Otra posibilidad sería aceptar que la realidad es inconmensurable e infinitamente plástica y maleable, y que el realismo es necesariamente un proyecto inalcanzable, elíptico, utópico o incluso fracasado y, por lo tanto, un espacio continuamente fértil para la literatura, es decir, para la imaginación.


Creo que es a esto a lo que se refiere Beatriz Sarlo cuando dice que no hay narración sin experiencia pero tampoco hay experiencia sin narración. El lenguaje –dice Sarlo– libera lo mudo de la experiencia, la redime, la expande, la resignifica porque es una construcción imaginada. Pensar en el realismo de una forma abierta significa, y esto lo explica Sarlo con las palabras de Hannah Arendt, “entrenar a la imaginación para que salga de visita” y se separe de su inmediatez identitaria.


Por muy apegada que esté a lo “real”, a lo que se testimonia, la imaginación necesita de ese recorrido que la saca de sí misma y la vuelve reflexiva, porosa, cuestionadora. Es eso lo que a mí me interesa de la escritura, su posibilidad de rearticular el lenguaje desde el extrañamiento.


- Muchas escritoras latinoamericanas en los últimos años incursionan en lo sobrenatural, lo gótico, el terror, pero hay críticos que dicen que aun así no abandonan del todo el realismo, visto este desde una óptica acorde a ciertas coyunturas y contextos en otros momentos casi inverosímiles. Puedes reflexionar al respecto, por favor.

- ¿Por qué debería abandonarse el realismo si, como hemos dicho, es un espacio tan fecundo para la imaginación? O ¿por qué lo sobrenatural, el horror o lo fantástico deberían ser territorios sin mácula? Creo que cada época tiene sus necesidades expresivas y encuentra sus lenguajes y sus formas. No es lo mismo investigar en los archivos de una biblioteca que vagabundear cotidianamente por internet.


Me parece que estamos en un momento de una gran riqueza en donde más que el culto a géneros particulares, hay menos pudor en honrar la reescritura. Lo que tienen en común muchas de estas escritoras es el desparpajo y la libertad con que rescatan del olvidadero de la cultura materiales otrora incombinables e inconfesables. Me llaman particularmente las estéticas que exhudan su belleza de viejas cicatrices, que trabajan con formas trasegadas y que pueden hacer poesía sin complejos a partir de ese “bastardismo”, para usar el término propuesto por María Galindo.


Pero esto, tampoco es nuevo, ¿no? Siempre estuvo ahí, solo que ahora hay un interés por mostrarlo. Pienso en el tremendo atrevimiento de Matilde Casazola, que a mediados del siglo pasado mezcló la música popular, la música clásica, la poesía; que propuso el cuerpo como un lugar desde el que es posible pensar, hacer filosofía, desbaratando con ello el cogito cartesiano que separa razón y sentimiento; que desjerarquiza la idea del hombre y propone, por ejemplo, un dios con cuerpo y con callos en los pies; que concibe una idea de patria desbordada, excéntrica, excedida más allá de sus fronteras; y que desestabiliza la idea moderna de autoría con una voz, la suya, que es muchedumbre. Ahí también están Hilda Mundy o María Virginia Estenssoro, tan eclécticas como iconoclastas.


Por otra parte, en un mundo donde la ciencia ficción cada vez más es lo “real”, donde el metaverso, los avatares, las criptomonedas y el ciberespacio ofrecen el devenir hipnótico del capitalismo, ¿no será el realismo un modo de resistir?


- ¿Consideras que tus tres libros publicados son literatura realista?

- Puede ser, si somos estrictamente literales. Creo que hay en mis cuentos una experimentación bastante evidente desde el realismo con los archivos de la memoria (sean estos de la memoria personal como de los archivos de la historia, de la prensa), pero también una exploración onírica y un trasvase entre la realidad vivida y la realidad leída.


No estoy muy segura de que ese espacio imaginado pueda esquematizarse tan fácilmente en el orden del realismo. Hay personajes que viven en la vicariedad de lo imaginado, en la ensoñación, como la chica de “Vendrá la muerte y tendrá tus ojos”, que en realidad está repitiendo en su mente un poema que es la anunciación de un suicidio. Para mí ese es el cuento, esa viscosidad mental.


En mi escritura es poco relevante la anécdota, la peripecia dramática; me ocupa más lo que ocurre con el lenguaje, antes, después y alrededor de él. Lo que me ocupa o preocupa es la “maleabilidad” de la realidad en el lenguaje y en el pensamiento (porque toda construcción del lenguaje es una construcción imaginada). El modo en que el lenguaje la metaforiza y la vuelve símbolos.


- ¿Te interesa explorar otros registros; lo fantástico o alguna variedad? ¿Te ves incursionando en ello?

- Me gusta explorar lo que me pida la escritura. Fuera de una novela, que está un poco detenida, ahora estoy escribiendo algo más cercano a la poesía, más sincopado y escindido de la realidad, tal vez porque el ritmo de la vida no me permite una escritura más sostenida y concatenada. Es un ejercicio que explora un fantástico balbuceante y donde la noción del espacio está resultando obsesiva. Tal vez no resulte en nada publicable, pero ahí estoy escribiendo estas pequeñas islas oníricas cada día.


“En mi escritura es poco relevante la anécdota, la peripecia dramática; me ocupa más lo que ocurre con el lenguaje, antes, después y alrededor de él”, acaba de decir Magela. Y esto remite a un antiguo texto suyo que corremos a buscar. Se llama “El arte del regreso”, y fue su ponencia en las II Jornadas de Literatura Boliviana de 2015, que luego fue recogida en el libro Haciendo mundo (Editorial 3600).


Escribe Magela:


Todo escritor es primero un lector y escribe para el tipo de lector que es o que se prefigura, aunque sea de manera inconsciente. Me parece una definición vital a la hora de pensar en el proceso creativo (…). Si me lo preguntan a mí, diré que preferiría un lector lento, de esos que no se apuran, entre otras cosas porque leen con muchas interrupciones: subrayando, doblando páginas, haciendo anotaciones en múltiples libretas. No uno rápido ni memorioso, sino uno que aprecie más la relectura y que tenga una gran conciencia de su ingenuidad. Es decir, que lea más allá del placer, mirando en sesgo, porque ya habrá descubierto que los misterios de un buen cuento están cifrados, no como enigmas recónditos, sino usualmente como detalles a primera vista insignificantes; dispuestos casi al olvido sobre una esquinera.

Es así como Baudoin concibe los escenarios, canales, procedimientos y propuestas en esto de hacer literatura.


La lengua, escudo y puente


- Benengeli 2022 es un evento que realza nuestro idioma. ¿Cómo ves a la lengua española desde tu oficio de escritora? Su estado actual, su evolución y situación en el contexto en que vivimos y frente a otras lenguas.

- Pienso que el español es un río caudaloso y vivo, lleno de bifurcaciones, de corrientes internas, de rápidos, de zonas inexploradas. Tiene tantas ejecuciones como hablantes y por la migración se produce un maridaje que solo puede ser fructífero. Incluso en la mezcla con el inglés, el español adquiere una fuerza extraordinaria. Las lenguas quebradas son los tatuajes que vienen a contar los cuerpos de este tiempo. Y eso es una forma de visibilizar cosas que a veces no se quieren ver ni decir.


- Vives en EEUU, hablas y lees en inglés. ¿Cómo cambió tu percepción y manejo del español cuando empezaste a dominar otra lengua? ¿Hay otras perspectivas, aproximaciones?

- Pues en cuanto al inglés todavía sigo en un túnel largo en el cual no veo la luz… jajaja. Estoy muy lejos de dominarlo, pero el camino me ha dado muchos aprendizajes desde la enorme indefención que supone no poder sostenerte de un aparato epistemológico que puede explicarte y protegerte, porque eso es una lengua, en definitiva: un escudo y un puente.

Por otra parte, comprendí, más que antes, que el habla de las personas es una piel llena de cicatrices, de mutaciones, de marcas, de resistencias que está trasluciendo espacios, tiempos, injusticias, desobediencias, acontecimientos creativos. El habla es el cuerpo del pensamiento y, a través de ella, puede hacerse carne una identidad. Una manera de decir es un acto político. Por eso, el habla no sale indenme de la vida y tener esa conciencia es hermoso. Me interesa aproximarme a mis personajes desde el habla, por ejemplo, porque su ejecución dice mucho más de ellos mismos que lo que puede apuntar, de pronto, el narrador.


Perfil

Magela Baudoin, narradora boliviana nacida en 1973. En 2015 ganó el Premio Gabriel García Márquez por su libro La composición de la sal. En 2014 obtuvo el Premio Nacional de Novela por El sonido de la h. En 2021 publicó Vendrá la muerte y tendrá tus ojos. Es fundadora y coeditora de Mantis, sello editorial que publica títulos de escritoras latinoamericanas.

Fotografia: Robert Bockmann

Acuarela: Cecilia de Marchi

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