El rescate de Ismael Sotomayor, el gran tradicionista paceño

Por décadas se creyó que había escrito un solo libro, el muy mentado, pero poco leído Añejerías paceñas. Una monumental investigación permite recuperar cientos de trabajos dispersos con los que acaban de publicarse dos volúmenes.



En el artículo “Anecdotario de una visión”, publicado en su columna Letra sincrónica del suplemento literario Letra Siete del 28 de marzo de 2015, Alan Castro cuenta una de las célebres apariciones o facetas de Ismael Sotomayor.

En el capítulo 4 de Vidas y muertes [de Jaime Saenz] se habla de una fantástica biblioteca en miniatura. Juan José Lillo (personaje basado en Ismael Sotomayor) tiene miles de libros, pero se ve obligado a miniaturizarlos porque ya no caben en su cuarto. La dueña de casa toma cada vez más espacio para construir nuevos cuartos en alquiler. Entonces Lillo se ve obligado a miniaturizar imponentes volúmenes que quedan “reducidos a una dimensión de diez milímetros de alto por cinco de ancho”. Sin embargo, no habiendo un microscopio lo suficientemente poderoso, el problema de aquellos libros es leerlos.

Y luego en otro texto de esta misma columna, titulado “Los fantasmas del lenguaje paceño” y publicado el 25 de abril de 2015, Castro sintetiza una de las prosas más peculiares de las Añejerías paceñas de Sotomayor.

…En otra añejería llamada “Almas en pena” se relata la vida de una mujer virtuosa que recibe a las almas del Purgatorio y les da pan, dinero, azúcar o lo que le pidan, siempre y cuando sean almas penitentes probas. Cada noche una decena de estas almas penitentes se acercaba a la ventana de la matrona para decirle: “Mamita, solicito un quinario”, “Mamita, requiero de una limosna” o “Mamita, solicito un vestido”.

Como cada alma tenía su turno y la noticia de la virtud de la mujer crecía, en cierto momento la fila de fantasmas se hizo tan larga que la pobre señora no pudo atender a todos. Así que llegó a un acuerdo con la abadesa del monasterio del Carmen (que obviamente era clariaudiente), para que los últimos fantasmas de la fila pudiesen también ser atendidos. Aunque las almas en pena se iban renegando (porque preferían a la virtuosa), dice Sotomayor que nunca hubo verdadero descontento.


Ismael Sotomayor es de esos personajes que se conocen sobre todo por su nombre y por un libro infinitamente mentado, pero escasamente leído: Añejerías paceñas, el primero de dos que publicó en vida, pese a ser un prolífico polígrafo. Valga esta palabra añeja para retratar a este historiador, tradicionalista, articulista, cuentista que durante más de 30 años escribió cientos de textos en periódicos y revistas.

No es poca, entonces, la importancia de Ismael Sotomayor. Artículos en El Diario 1929-1952, que se acaba de publicar en dos volúmenes bajo la edición de Ana Rebeca Prada y Freddy Vargas, como parte del proyecto Prosa Boliviana de la Carrera de Literatura de la UMSA.

Cuenta Omar Rocha, uno de los editores y gestores de Prosa Boliviana: “la tercera publicación, tras las de Alberto de Villegas y Ricardo Jaimes Freyre, tiene que ver con un escritor olvidado por la crítica: Ismael Sotomayor. Se trata de un libro (dividido en dos tomos) que contiene un minucioso trabajo de recopilación, edición y anotación. Emerge aquí un Sotomayor diverso, polifacético, que excede por mucho al Sotomayor estrictamente tradicionista o tradicionalista, que es el único que se había conocido”.

Rocha resume el trabajo realizado por el equipo: –pues además de Prada, Vargas y él mismo, coadyuvaron en la investigación Alan Castro, Tania Huanca, Karla Reyes y Rodolfo Ortiz– “se ha recopilado y editado una gran cantidad de artículos que Sotomayor publicó en revistas y periódicos a lo largo de su vida; se ha culminado con la edición y anotación de los artículos de El Diario; se trabajó en dos extensos ensayos sobre el autor y su obra y por las características de los textos, las dificultades de edición y el establecimiento del texto, se decidió publicar tres libros”.

Es así que, tras esta primera recopilación en dos volúmenes, vendrá Textos dispersos 1928-1961, cuya recopilación está terminada, y se trabaja en la edición y anotación; y Ensayos sobre la obra de Ismael Sotomayor, que ya fueron presentados en el Congreso de la AEB en Sucre en 2019 y que deberán ser revisados y editados.

Ana Rebeca Prada, quien capitaneó este enorme trabajo: ubicar, registrar, escanear, transcribir, clasificar y editar decenas de textos, señala: “Sotomayor fue nuestro más grande tradicionista paceño, pero su obra es mucho más extensa y diversa. Este libro nos permite descubrir al historiador, al profundo conocedor de la diversa cultura paceña, al lector, así como al escritor que se animó a publicar algunos poemas en prosa, algunos cuentos fantásticos, pero que dejó que su veta histórica predominara”. En el siguiente diálogo da más luces sobre este autor.


- ¿Qué tiene Sotomayor para ofrecer al lector en sus artículos, con qué se encontrará en estos volúmenes uno que lo conoce solo por las Añejerías paceñas?

- El lector se encontrará con un escritor multifacético que siempre tuvo como pasión central la historia. Sotomayor era un historiador nato, coleccionista de objetos y documentos históricos, fundador y socio de instituciones vinculadas a la historia. Una gran cantidad de artículos y escritos, entonces, tienen que ver con personajes de la historia, sobre todo del siglo XIX y principios del XX.

Aparte de los personajes, están los eventos del pasado que desarrolla en menor medida. Era un hombre muy preocupado por las carencias institucionales en el país; así, escribió sobre archivos, bibliotecas, la universidad –siempre pensando en la necesidad de construir memoria y consolidar colecciones, archivos, repositorios. Verificaba muy críticamente la destrucción del patrimonio arquitectónico.

Está además el lector, el voraz lector, sobre todo de libros de historia y, sorprendentemente, el gran conocedor del lado popular e indígena de La Paz. Esta es la faceta que seguramente sorprenderá a muchos que solo conocen al Sotomayor tradicionista; en realidad, era un prominente aymarista (ya lo sabía Saenz) y un paceño que conoció muy bien la cultura (sobre todo la danza y la música) aymara, además de lo popular urbano.


- ¿Cuál es la trayectoria y característica de Sotomayor como periodista, columnista y pensador? Por el volumen de su obra, ¿sería tal vez uno de los precursores de la no ficción?

- Sí produjo diversos tipos de escritos periodísticos, pero no sé si podríamos considerarlo un precursor de la no ficción. Creo que debemos estudiar más el contexto discursivo del periodismo de la época; obviamente había una gran libertad, escribía gran diversidad de cosas y se las publicaban todas.

Creo que no contábamos con que Sotomayor tuviera tanto material publicado. Era realmente un portento periodístico. Los años 30 y 40 son una época de gran producción. Tenía planificados muchos libros –hay una lista de esta planificación. Pero al final solo publicó muy joven (tenía 26 años) las Añejerías paceñas en 1930. Luego Paredes editó en 1946 un librito con dos ensayos de Sotomayor sobre Pazos Kanki; el segundo y último libro que publicó en vida.

No publicó más como libro. Sí se dedicó a contribuir con materiales muy valiosos a libros y revistas, sobre todo; y era muy activo en la vida intelectual e institucional de La Paz.


- Intuimos que el proceso de investigación y recopilación debió ser arduo, cuéntanos un poco al respecto.

- Hemos clasificado los artículos y escritos hallados en El Diario por temas y por las columnas que escribió, firmadas algunas con su nombre, otras con pseudónimos (uno de ellos Ismael Lillo, que resonará mucho en los lectores de Jaime Saenz).

El proceso de recopilación se complicó pues más que empezar con un objetivo preciso, las metas fueron variando según avanzaba el trabajo. Quedó claro que las añejerías tenían que ser un libro aparte (y fue cuando Omar Rocha y yo nos hicimos cargo de la edición BBB de la misma). Luego indagamos sobre sus otras publicaciones, hasta que nos dimos cuenta de que solo las de El Diario eran suficientes para un libro muy extenso (que llegó a dos gruesos tomos). Tuvimos que decidir separar esto del resto de escritos de otras publicaciones periódicas. Y, además, claro, hubo que verificar que efectivamente habíamos recogido todo, que nada se nos había pasado.



Sobre Prosa Boliviana y Sotomayor


Omar Rocha


El proyecto Prosa Boliviana se plantea la recuperación de escritores de fines del siglo XIX y principios del siglo XX dejados en el olvido, apenas recordados o ya no reeditados.

Desde esta perspectiva, antes de Ismael Sotomayor, se trabajó con Alberto de Villegas y Ricardo Jaimes Freyre. En el primer caso se hizo toda una labor de búsqueda y edición de la obra dispersa e inédita y se publicó Memorias del Mala Bar y la novela inconclusa Gualamba, escrita por De Villegas poco antes de morir en la Guerra del Chaco. En el segundo caso, se hizo una recopilación de textos en prosa publicados en periódicos y revistas. Así descubrimos a un nuevo Ricardo Jaimes Freyre: más allá del gran poeta modernista que todos conocen, surgió su figura como ensayista, articulista, comentarista, dramaturgo y cronista.

Estas investigaciones, fruto de arduo trabajo de los “rescatiris”, generan entonces un doble movimiento: recuperar obras “olvidadas” y ponerlas a disposición de los lectores contemporáneos; y en segunda instancia: la relectura, que ha permitido redimensionar, actualizar y revalorar estos textos recuperados.

Durante 2022 se inició el trabajo de edición y anotación de la obra narrativa de María Virginia Estenssoro. Ya se ha realizado la recopilación de los materiales y la transcripción. El occiso ya fue publicado por la editorial Dum Dum, por lo que el proyecto Prosa Boliviana no incluye este primer libro de la autora; pero sí estarán su novela y sus otros libros de cuentos.

Aparte de ese trabajo de edición y anotación, también se hizo un minucioso estudio de la obra narrativa de Estenssoro, por lo que se elaborará un libro de ensayos que toquen diferentes aspectos de su narrativa (incluyendo El occiso) o temáticas que la atraviesen; así como el contexto u otras aristas que toquen a su figura como escritora en la ciudad de La Paz de su época.

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