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Beautiful losers de montaña y llano

Pablo Osorio es conocido como humorista, pero lo que muchos desconocen es que su primera incursión pública fue a través de la poesía. Sí, él fue poeta antes que estandapero y acaba de lanzar su tercera obra poética.


Un divertimento lingüístico entre regiones bolivianas: la occidental y la oriental. Un derrumbe con acento camba-colla. De los aquisingos a denantes es el tercer poemario del orureño Pablo Osorio y acaba de ser presentado en la Feria Internacional del Libro (FIL) de Santa Cruz.


Lo que muchos desconocen es que Pablo fue poeta antes que estandapero: Alas de un alma en verso fue su primera publicación, una creación de palabra inexperta, de la que el autor a veces prefiere no hablar. Yo, gorda, fue su segundo poemario, más robustecido, que levantó cierta polémica por la identidad femenina que asumió el autor en el título para dar paso a textos que son una mordaz crítica a los cánones de belleza impuestos. En esos poemas ya se saboreaba la transgresión humorística del poeta atentando contra la solemnidad.


En esta tercera publicación anidan creaciones tanto actuales como aquellas que añejaron bien con el tiempo. Leemos la voz de quien migró a otra ciudad, de quien añora el lugar que dejó, y de quien fue amado y abandonado en ambos escenarios.


De los aquisingos a denantes es la muestra de que esa transición exitosa del hábitat –de una ciudad a otra– no trajo consigo formas contundentes de alcanzar un “te amo”, pero en ambas nostalgias se puede vivir: en aquella por Oruro, y en aquella germinada en la mujer que se marchó.


Si la tuve fue prestada

y luego la devolví al cielo,

que siempre es más grande que yo

 

O el reproche a la ciudad, a cualquiera de las ciudades:

 

Supongo que la ciudad me ha olvidado,

o peor aún, nunca me conoció.

Pero esto no es un problema,

pues yo tampoco la conozco,

ni he escrito su nombre en papeles membretados,

ni me he dejado morir bajo sus puentes / sobre sus piedras

 

En el juego geográfico de esta propuesta poética, tenemos que, para este colla, Oruro le germina un sentimiento de culpa por haber abandonado esa ciudad y al mismo tiempo, sus textos se regodean en el hecho de sí haber tenido dónde huir.


Santa Cruz no es la ciudad que lo vio nacer, pero estos textos dejan claro que es la ciudad que sí lo vio parir: son la consecuencia de un adiós en perpetua construcción, solo que en clave circense; lo cual lo hace aún más doloroso.

 

Yo Tarzán. Tú Jane

yo ir trabajo. Buscar bananas.

Tú quedar en árbol. Cocinar bananas.

Yo subir selva. Trepar montaña. Bajar río. Yo volver.

Tú preguntar selva. Pensar montaña. Soñar río. Yo responder. Tú brillar ojos.

(…)

Yo volver. Tú no estar. Yo buscar selva. Yo buscar montaña. Yo buscar río. Yo no encontrar.(…)

Un día tú volver. Yo mirarte. Tus ojos ahora tener montaña. Selva. Río

 

En este divertimento lingüístico que es De los aquisingos a denantes hay que reconocer en Osorio su sensible capacidad de escucha y diálogo. No solo ha captado términos y acentos, ha condensado idiosincrasias tan diferentes como lo son la occidental y la oriental. La versatilidad de su pluma no es cosa menor, para nada. Incluso, nos ha llevado mansamente con su palabra a recónditos espacios de la nostalgia en lo que antaño fueron esas regiones.


Y claro, en ese juego de lengua y pronunciación, son innumerables las maneras de decir “te amo” y “no me dejes”, comenzando por el dulce diminutivo con que el aymara romantiza la más absurda situación, la absoluta soledad:


Yo me estaba no más y llegaste

aquisitos al lado izquierdo.

De lejitos te miraba.

Bien rico era que mi corazón temblara por tu voz


Pero también, en esa convivencia del colla en lo camba crea / fusiona nuevos idiomas:


Beautiful warmi

¿Wuld yu teic mi güit vos?

Aunque sea en tu maleta?

I beg yu warmi.

Dont let mi jorni

camote

alon

 

Tal vez la gente espera en este texto un chiste con remate al final del camino. Un espectáculo que alegre la velada. Lo cierto es que debería reírme, pero me duele. Lo cierto es que con De los aquisingos a denantes puedo aprender a decirme perdedora en dos acentos. Puedo cruzar el río y sentir que no me extrañan en ninguna vera.


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